noviembre 2022

signos para bebés

¿Te cuesta comunicarte con tu bebé, ahora que todavía no habla? ¿Quieres estimular su lenguaje antes de sus primeras palabras? Este episodio te interesa. En él hablo con Vanessa Viaji (instructora de Baby Signs) sobre un método de comunicación temprana basado en los signos: los «Baby Signs». 

¿Te gustaría empezar con los signos, pero no sabes cuándo, ni cómo empezar? ¿Has oído decir que signar con tu peque podría retrasar el desarrollo del lenguaje? ¿Tu peque tiene alguna condición especial y no sabes si es apto para los «Baby Signs»? Vanessa responde a estas preguntas y a muchas más. 

dos lenguas peque

¿Habláis dos lenguas en casa? ¿Vivís en un entorno bilingüe? Este episodio te interesa. En él hablo con Estela Bayarri (Logopeda infantil consciente) sobre el desarrollo del lenguaje del peque cuando está en contacto con dos lenguas. 

¿Tu peque prefiere comunicarse en solo una de las dos lenguas que habláis en casa? ¿Has observado un retraso en su lenguaje y no sabes cómo actuar? ¿Quieres que hable un idioma extrangero? Estela responde a estas preguntas y a muchas más. 

mi hijo pega

En este capítulo hablo de la relación entre el desarrollo del lenguaje y la regulación emocional. Te explico por qué los niños pequeños y algunos peques con un retraso en su desarrollo lingüístico expresan su enfado y su frustración pegando y te doy algunas ideas para disminuir esta conducta. 

Episodio 11. Mi hijo pega

Las dificultades en el lenguaje y la regulación emocional

Los niños pegan. Esto es así. Especialmente en la escuela infantil cuando todavía son bastante pequeños y no tienen mucho lenguaje. Puedes pensar que los niños que pegan es porque lo ven en casa, que normalmente son niños más violentos, pero lo cierto es que el niño puede ser el hijo de Buda y que suelte tortas como panes. Los niños son reactivos. Es decir, sus acciones suelen tener bastante carga emocional. Un adulto no pega a otro porque sabe las consecuencias que puede traer esto. Puede anticipar que hará daño al otro o que el otro se lo hará a él. Como adulto, puedes pensar que pegar no va a ser la solución más efectiva o que, incluso, puedes acabar en el cuartelillo. El niño pequeño no hace este razonamiento. 

No sé si vas mucho en transporte público, yo vivo a las afueras de Barcelona y lo cojo a diario. Cuando estoy metida en un vagón, hacinada, respirando el mismo aire que las treinta personas que hay en el vagón o más y alguien me da un golpe, por pequeño que sea, me cabrea. Lo que pasa es que tengo treinta y dos años y he aprendido a gestionar este enfado. Primero a identificarlo. Y después, a controlarlo, diciéndome a mi misma que es normal que alguien te de un golpe, que ha sido sin querer, que esa persona está tan hasta el moño como tu de estar ahí dentro. 

Pero, ¿qué pasa cuando un niño va como un loco corriendo y golpea a otro en el patio? Lo más probable es que el primero reaccione y le de un tortazo. No estoy justificando la agresión, ni diciendo que esté bien, pero claro, no podemos escandalizarnos porque un niño de dos años empuje a otro o le muerda. Sí podemos reconducir estas conductas, pero primero tienes que entender que todo el proceso que realiza el adulto para no liarse a tortazos tiene mucho lenguaje de por medio. La mayoría de las veces pensamos con lenguaje. Esto quiere decir que para regular nuestra propia conducta ponemos palabras a lo que sentimos. «Me siento mal, pero… Me ha hecho daño, pero…». Los niños pequeños o con un retraso en su lenguaje, tienen menos posibilidades de hacer estos razonamientos. Ellos solo sienten y actúan en consecuencia. «Me has hecho daño, quiero que te alejes». «Me has quitado un juguete y quiero que me lo devuelvas».

¿Qué podemos hacer los adultos para reducir esta conducta de pegar?

En primer lugar, deberás estar pendiente cuando tu hijo juega con otros niños y anticipar, en la medida de lo posible, los conflictos. Estoy hablando de niños muy pequeños o con un retraso en su lenguaje. También puedes anticipar una situación de enfrentamiento que se pueda dar contigo. Tu conoces a tu hijo, sabes qué es lo que le molesta. Sabes que si te pide algo, como que le compres un juguete, y tu no se lo vas a comprar, va a haber lío. ¿Esto quiere decir que le has de comprar el juguete? Obvio que no, pero puedes anticipar una situación que puede desencadenar en que te pegue. Si crees que te puede pegar y lo tienes en brazos, por ejemplo, déjalo en el suelo. O evita pasar por delante de la juguetería o del quiosco en los que te suele pedir algo.

No vas a poder impedir una conducta de este tipo siempre. Igual que no siempre se puede evitar el enfado, pero hazte la vida fácil y si puedes prevenirlo, hazlo. En los casos en los que no, hay dos opciones: distraer al niño con otro tema, si no ha entrado en estado de ebullición; o, aguantar el chaparrón. Eso sí, poniendo límites. 

He tenido varias familias preocupadas porque sus hijos les pegaban cuando estaban enfadados. Lo primero que les digo siempre es que esto es normal. Pero, lo segundo es que eso se tiene que acabar. Hay que poner límites. Cuando tenemos niños con dificultades en el lenguaje, incluso en la comprensión, podemos poner límites. Límites físicos: poniendo la mano delante de la cara e impidiendo que nos pegue; apartándonos; mostrando cara de disgusto. Todo esto lo entienden todos los niños. Es parte del lenguaje no verbal. Si alguien te pega, te molesta. Te duele. Te disgusta. Él debe verlo y oírlo. Nárralo. «Esto no me gusta, me haces daño, me enfada». ¿Cómo va a identificar sus emociones si tú no verbalizas las tuyas? 

Conozco una familia cuyo peque va en silla de ruedas y tuvo una época en la que le dio por pegar a la mamá cuando se sentía frustrado. También le pellizcaba el brazo o pataleaba. La recomendación fue sencilla en este caso: «bloqueas la silla de ruedas y te apartas». No podemos dejar que los niños nos peguen. Ah, y olvida eso de pegarle tú para que vea lo que siente. No necesito beberme un vaso de lejía para saber que no he de hacerlo. Tu hijo puede aprender que no debe pegar sin que le pegues tú. Entre otras cosas, porque es contraproducente. «Me dicen que no debo hacerlo, pero me lo hacen a mí». ¿Qué injusto, no?

Transitar emociones negativas

Tener a un niño desbordado es muy complejo de gestionar, pero hay que tener empatía. Esto de las emociones es nuevo para él. Si a nosotros, como adultos, nos cuesta dirigir nuestras emociones más fuertes, como la tristeza o el enfado, ¿por qué han de saber hacerlo los peques? Échale un cable. Busca una forma de aliviar esa emoción. ¿Está triste porque tiene que abandonar el parque y volver a casa? ¿Cómo puedes hacer que se sienta mejor? A lo mejor, podéis volver a casa en la motillo o en el patinete. Si está enfadado porque no le has podido comprar ese juguete, también puedes intentar aliviar su enfado. A lo mejor tu hijo se siente bien con una música en concreto o con un juguete que estimule su tacto, como un cubo sensorial. Puedes poner música tranquila en una grabadora. No en el móvil, eh, que nos conocemos. ¿Qué es lo que te ayuda a tí a transitar una emoción? Si estás triste, a lo mejor, te pones La Oreja de Van Gogh. Si algo te enfada, te pones a limpiar, yo que sé. Pues piensa en qué puede hacerle sentir mejor a tu hijo y dale alternativas para que deje de expresar y transitar sus emociones más fuertes pegando.

Resumiendo

Voy a resumir las claves para comprender por qué tu hijo pega y qué puedes hacer para disminuir esta conducta.

Los niños pequeños no tienen suficiente lenguaje para autorregular sus emociones, además, están empezando a experimentarlas y todavía no han aprendido cómo se gestionan. Así que son más reactivos. Si algo les molesta, pueden responder pegando. Esto, aunque es normal, debemos trabajarlo. Te doy algunas ideas:

  • Anticipar los momentos de conflicto y evitarlos o reconducirlos.
  • Poner límites físicos, sin pegar a tu hijo. Eres su ejemplo y su persona segura.
  • Expresar cómo te hace sentir su comportamiento.
  • Buscar formas de aliviar su emoción y ayudarlo a transitarla.

Si quieres saber más sobre el manejo de emociones intensas, como las rabietas, te dejo a mano el capítulo 5 del podcast: «¿cómo evité que un niño hiciera una rabieta en la sesión de logopedia?».

juguetes estimular bebes

¿Cuáles son los juguetes más estimulantes para los bebés? ¿Cómo podemos potenciar la adquisición del lenguaje a través de estos? Para este episodio he escogido tres juguetes aptos para peques a partir de seis meses y te explico la importancia de fomentar el habla antes de que aparezcan las palabras. 

 

Episodio 10. Juguetes para estimular a los bebés

La estimulación del habla en los primeros meses

Cuando los bebés todavía no hablan, podemos cometer el error de pensar que la estimulación de su lenguaje no es una tarea prioritaria, que hay que esperar hasta que, al menos, empiecen a expresar sus primeras palabras. El lenguaje es un área principal en el desarrollo de cualquier niño, lo diré las veces que haga falta para que se meta en todas las cocorotas. 

En esta entrada voy a hablar de juguetes para bebés y de cómo utilizarlos para estimular el lenguaje del peque. Para ello, hemos de ponernos objetivos. En realidad, cuando tenemos un objetivo claro, el juguete, la estrategia o la actividad que llevemos a cabo es indiferente. Lo importante es el objetivo y pueden existir muchas formas de llegar hasta él. En este caso hablaremos de juguetes pero, por ejemplo, en el episodio nueve te he explicado otras formas de estimular el lenguaje, como sería aprovechando el cambio de estación y las múltiples oportunidades de aprendizaje que nos brinda. 

¿Cuáles son las metas que debemos perseguir cuando tenemos un peque que todavía no habla? Está claro que no será lo mismo interactuar con un recién nacido que con un bebé de 8 meses. Por eso he pensado en centrarme en bebés a partir de los 6 meses, que es cuando pueden permanecer sentados sin ayuda. Esto es interesante porque cambia el plano en el que nos vamos a relacionar con él. Ya no tendremos que colocarnos por encima de su campo visual, como hacemos con un bebé que está siempre tumbado, sinó que él mismo, al incorporarse podrá escoger qué es lo que prefiere en su campo visual. Esto ya nos dará las primeras oportunidades de permitirle escoger entre un juguete y  otro. 

Pero, rebobino: objetivos. Propongo tres objetivos básicos: mantener el contacto visual con el adulto, conseguir la imitación de acciones y la toma de turnos. 

Hay un montón de juguetes para niños a partir de seis meses, yo voy a escoger algunos en concreto, pero seguro que puedes servirte de los que ya tengas en casa. Para escoger juguetes que estimulen el lenguaje, te recomiendo que escuches el capítulo dos del podcast en el que hablo de los requisitos del juguete ideal, te dejo el enlace en las notas del programa. 

Personalmente, para estos objetivos, me gustan: un instrumento de percusión, como un tambor o un xilófono o, incluso, un piano, pero no electrónico de lucecitas, que nos va a volver locos; Un juguete apilable, tipo cubos sensoriales o vasos apilables, o pirámides de aros, etc.; Y un cuento de tela.

¿Qué puedes esperar de estos juguetes para estimular a tu bebé?

Se habla muy poco de que existen unas habilidades llamadas «precursoras del lenguaje». Si entendemos el lenguaje como una construcción, como un edificio o una casa, los precursores del lenguaje serán los cimientos. Sin ellos, el lenguaje no tendrá una base sólida sobre la que desarrollarse. La atención por los rostros, el contacto visual, la imitación y la llamada atención compartida, que es cuando un adulto y un niño están pendientes de un mismo objeto, son precursores del lenguaje. Capacidades que permitirán al peque este desarrollo. Además, por lo que he leído en las últimas investigaciones, se está empezando a hablar de que aspectos como la toma de turnos, tan necesaria  para el manejo de las conversaciones, se da incluso antes de hablar y podría formar parte de estas habilidades que permiten la aparición de lenguaje, por eso también la he incluido entre mis objetivos.

Para jugar con el niño hemos de presentarle el juguete como algo atractivo. Podemos dejar que lo explore primero. A estas edades es muy posible que se los lleve a la boca, por eso han de ser juguetes aptos para esta edad. He hablado de instrumentos, pero ojo, que no tengan piezas pequeñas que puedan darnos un susto. 

Una vez el peque ya ha explorado el juguete, lo que harás es observar cómo juega. No vas a imponer tus normas, vas a unirte a las suyas. Así que primero le darás un espacio de exploración, de ver cómo funciona este juguete: hace ruido, como sabe… Y observarás qué hace tu hijo. ¿Entiende cómo funciona o le está dando un uso peculiar? No importa, puede salirse del guión y no pasa nada. No vas a tomar las riendas hasta que no observes un patrón de juego. Damos muy poca importancia a la observación y es crucial. Estamos siempre: acción, acción, acción. Para. Detente. Mira. Analiza. ¿Qué ocurre? No puedo saber cómo llegar a un lugar si en el gps no pongo de donde vengo. Esto es lo mismo. Nuestros objetivos pueden ser: establecer contacto visual, promover la imitación de acciones e iniciar la toma de turnos. Esta es la meta. Pero, ¿de dónde partimos? 

Cuando ya hemos observado un patrón de juego, podemos empezar a influir en él, siempre partiendo de su juego. Por ejemplo, si estamos con el piano, el niño, a lo mejor,  aporrea el piano y aprieta varias teclas a la vez. Está claro cuál es su interés, vamos a darle una vuelta a esto. Como adulto puedes empezar tocando una sola tecla y sorprendiéndote del sonido que hace. Un sonido aislado, diferente al que ha estado sonado cuando tu peque aprieta todas las teclas al mismo tiempo. Si el vuelve a aporrear el piano, le dejas. A él le gusta. Pero, vuelves a mostrarle lo que ocurre si solo tocáis una tecla. Si aporrea el piano porque no puede tocar una tecla, por un tema más motor, puedes pedirle la mano y tomar su dedito y modelar lo que sería tocar una sola tecla. En esta actividad es sencillo reforzar la mirada, cuando el niño nos mira de forma natural porque el sonido le ha parecido muy estimulante, sonreímos y miramos al peque. Aquí puedes empezar una toma de turnos: primero tú y luego yo. O ahora tú y ahora yo. 

Con los juguetes apilables haremos exactamente lo mismo. Primero, ofrecer el juguete y observar cómo lo explora. Esperar hasta que cree un patrón de juego o, si lo ves perdido. Si al peque le cuesta investigar cómo funciona este juguete, puedes hacer una propuesta de juego. En este caso, apilar los juguetes y esperar a que nos imite, por ejemplo. Si no lo puede hacer, ayúdale físicamente, sin forzar. Observando y actuando en consecuencia. 

El cuento de tela es ideal para aprender a pasar páginas. También para disfrutar de los sonidos que a veces realizan estas páginas de tela o los elementos que hay cosidos. También puedes puedes introducir el vocabulario de los dibujos.

Con los apilables o con los instrumentos tienes la misma posibilidad. Incluye palabras útiles, como verbos: «dame», «toma»; Adverbios: «más», «encima»; Y nombres: «aros», «teclas», «cuento», etc.

En resumen

Dejemos de pensar que el lenguaje empieza en las palabras y empecemos a estimularlo desde el principio, desde el nacimiento. Los juguetes son solo una herramienta de estimulación. Por sí mismos, sin la ayuda del adulto sirven para una estimulación sensorial y cognitiva, pero no facilitarán la aparición del lenguaje. 

En este capítulo hemos abordado tres objetivos para peques a partir de seis meses:

  • Establecer el contacto visual.
  • Promover la imitación de acciones.
  • Iniciar la toma de turnos. 

He nombrado tres juguetes que nos permiten la atención compartida entre el peque y el adulto: instrumentos de percusión, juguetes apilables y cuentos de tela. Los utilizaremos teniendo en cuenta estas fases:

  1. Permitir la exploración del peque.
  2. Observar si se crea un patrón de juego.
  3. Participar en su juego, añadiendo un elemento nuevo que el peque pueda imitar.
  4. Reforzar la mirada con una sonrisa o palabras de apoyo.
  5. Facilitar la toma de turnos «primero yo y después tu».
vocabulario del otoño
Aprende estrategias para estimular el vocabulario relacionado con el cambio de estación en casa. No pierdas la oportunidad de aumentar el léxico de tu peque con palabras útiles, motivadoras y que le van a permitir participar en las numerosas actividades que ofrece la Castañada, Halloween y, más adelante, la Navidad.

NOTAS DEL EPISODIO: 

Episodio 9. Fomenta el vocabulario del otoño

El cambio de estación y las oportunidades de estimular el lenguaje

Ha llegado el otoño y con él la castañada y Halloween. En nada tenemos aquí el invierno y la Navidad. Son dos estaciones llenas de tradición y de actividades en familia. En las escuelas infantiles y en los colegios, los peques se pasan semanas hablando de la llegada de cada estación, de cómo afectará al tiempo y al paisaje. Las ventanas se llenan de dibujos relacionados con cada temática y las tareas escolares se enfocan hacia el aprendizaje de estas costumbres, se narran leyendas, cuentos…

Tanto si tenemos un peque con un desarrollo típico del lenguaje, como si experimenta un retraso, es importantísimo que maneje el vocabulario relacionado con los cambios de estación. Que las familias seáis una parte activa en todo este proceso ayudará al niño a mejorar su comprensión y la expresión dentro de todas estas actividades y, sobre todo, permitirá que se sienta cómodo en ellas. Que se sienta incluido y partícipe. Porque está muy bien tener a un peque metido en un aula llena de dibujos de castañas y de hojas secas. Pero, si no tiene ni idea de por qué se ha pasado el fin de semana recogiendo hojitas en el parque o pintando castañas con ojos en clase, habremos perdido la oportunidad de enseñar vocabulario útil, motivador y que le va a permitir relacionarse con los demás durante las próximas semanas, al menos. Porque no nos engañemos, en el colegio, la castañada, las navidades… todas estas fiestas son la excusa perfecta para que las familias montéis eventos y os relacionéis entre vosotras. Y esto os encanta, que lo sé yo. 

Pero, ¿qué es esto del vocabulario del otoño? Son palabras, normalmente nombres, es decir, sustantivos, pero también adjetivos, como colores o sensaciones corporales, como el frío, o sabores, como el dulce. También verbos como: «mirar», «poner», «llover»… Creo que es muy importante que empecemos a poner palabras a los cambios que se producen en contraste con el verano. 

Para estimular la aparición de léxico relacionado con el otoño vamos a trabajar tres escenarios: el cambio de estación, los elementos de la naturaleza y las actividades.

Cambio de estación. Inmersión y decisiones

Te propongo que busques un espacio en la entrada de casa para colocar una pizarra, un corcho o cartón con velcros en el que puedas incluir fotografías o imágenes de las piezas de ropa y objetos que utilizamos para salir a la calle. 

Antes de salir de casa, con tu peque, podéis mirar por la ventana, ver si llueve, si está nublado, sentir la temperatura en un brazo… En el plafón de la entrada podéis tener imágenes o pictogramas con los distintos cielos posibles (despejado, nublado, etc.) y, en función de cómo esté el cielo antes de salir, valoraréis juntos el llevar unas piezas de ropa u otras, como el chubasquero o un abrigo. 

En el apartado de material te voy a dejar un ejemplo de plafón para gestionar los meses de otoño e invierno con lo más básico. Verás que las imágenes, sean fotografías o dibujos, van a ser un gran soporte. Si no lo puedes imprimir, lo puedes dibujar, cópialo. 

Con este ejercicio el peque comenzará a comprender lo que supone un cambio de estación, al mismo tiempo que estará procesando vocabulario relacionado con esto. Además, el permitirle tomar decisiones, como si coger o no el paraguas o qué chaqueta ponerse, le dará la oportunidad de practicar este vocabulario del otoño sin que tengamos que hacerle repetir las palabras, como si fuera un loro.

Elementos de la naturaleza y alimentos. Observación y recogida

El cambio de estación no solo se nota en la temperatura, sinó que todo el entorno natural se transforma. Las hojas cambian de color y caen al suelo. Los niños encuentran bellotas secas entre el follaje. Vuelven los boniatos (o batata) y las castañas a las fruterías, incluso se venden asadas en algunos puestos de la calle. Es importantísimo que dirijamos el foco del peque hacia estos cambios. Un buen momento para esto podría ser de camino a la escuela infantil o al colegio. Incluso, poner estos nuevos alimentos en el menú familiar es una gran oportunidad de presentar este léxico. 

Para trabajar este escenario te propongo que compres una cesta de madera o de paja y la llenes de elementos de la naturaleza que sean muy del otoño. Vais a ser los chatarreros del otoño. Vais a recoger hojas, bellotas, piñas… vas a comprar castañas y algunas frutas que puedas deshidratar, (seguro que hay algún tutorial de youtube para deshidratar frutas…) y las vas a meter todas en este cesto, que también puedes poner en la entrada. Es como una cesta de los tesoros del otoño. 

En el apartado de material, en el mismo documento, te dejo dos láminas con vocabulario relacionado con la naturaleza y alimentos típicos de esta estación. Puedes imprimirlos por partida doble, pegarlos a un cartón o a un folio de color y crear un juego de memoria, (un  memori), y trabajar este vocabulario en casa, especialmente hay un retraso en el lenguaje y necesitas una actividad extra.

Actividades. Oportunidad y repetición

El último escenario para incluir todo este vocabulario que habremos trabajado a partir del cambio en el tiempo y en la naturaleza, a causa del otoño, es el de crear oportunidades para repetir este léxico mediante actividades. No utilizando la estrategia errónea de pedirle al peque que lo nombre todo: «¿cómo se llama esto?», «¿qué es esto otro?». Es contraproducente y muy irritante.

Así que vas a pensar propuestas para realizar junto a tu hijo en las que puedas incluir el vocabulario del otoño. Te voy a dar algunos ejemplos que deberás adaptar en función de la edad de tu peque y de vuestros intereses. 

Me imagino un día de excursión al bosque para tomar fotografías del follaje y recoger elementos de la naturaleza para nuestra cesta del otoño, por ejemplo. En este documento que te he compartido en mi web, también he incluido una paleta de colores para que puedas imprimirla y ponerla al lado de los elementos que recojáis y compararlos. 

Otra actividad. Me imagino una tarde de cocina en casa. Preparar lo que en Cataluña conocemos como «panellets», que son dulces con ingredientes típicos de esta estación como la batata o los piñones.

Más: organizar una fiesta. Halloween ha llegado a España para quedarse y los niños disfrutan un montón disfrazándose y decorando la casa para una fiesta con familiares o amigos. 

Y, un último ejemplo sin complicaciones. Salir a pasear por la plaza y comer unas castañas asadas. En este paseo, lo primero que haremos será decidir qué ropa ponernos antes de salir de casa, utilizando el plafón de la entrada. Después, recogeremos algunos elementos para nuestro cesto y, finalmente, comeremos unas castañas. Este es un gran ejemplo de cómo podemos incluir todos los escenarios en una sola actividad.

Para terminar

A lo mejor piensas que llego un poco tarde al otoño y no te voy a quitar razón, pero piensa que esto mismo que te he explicado hoy te sirve con cualquier estación. Aun así, si estás escuchando esto en primavera o en verano y te gustaría que preparara algún material, ponte en contacto conmigo a través del formulario de contacto o de mis redes sociales y yo me pongo manos a la obra, claro que sí. 

Resumo rápidamente lo más importante para estimular el vocabulario del otoño en casa. Tres escenarios: el cambio de estación, los elementos de la naturaleza y actividades relacionadas con todo esto. 

  • Introducir el otoño con las sensaciones de frío y con las decisiones sobre si abrigarnos más o tomar un paraguas, por ejemplo. 
  • Poner el foco en los cambios que se dan en la naturaleza y recogeremos elementos como hojas o bellotas. 
  • Incluir en la compra alimentos de temporada. 
  • Finalmente, pensar actividades que permitan practicar este vocabulario.
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