julio 2022

¿Qué puede pasar si el peque no tiene los niveles lingüísticos esperados y no hacemos nada? ¿Si no abordamos un retraso en el lenguaje? ¿Cuál es el porcentaje de niños que desarrollarán un trastorno en el lenguaje? ¿En qué áreas de su desarrollo puede afectar una baja competencia lingüística? En este capítulo del podcast trato el manido: «ya hablará» desde un prisma objetivo (evidencia científica) y subjetivo (experiencia) para aclarar todas estas dudas y que no te quedes con ningún «run-run» en la cabeza. 

Episodio 8. Resultados de no abordar un retraso en el lenguaje

¿Qué puede pasar si no actuamos ante una sospecha de retraso en el lenguaje?

Este episodio del podcast va a ir encaminado a resolver la duda de una mamá de la comunidad. La reformulo para situarnos: «¿Qué puede ocurrir si tengo un peque con un retraso en el lenguaje y no abordamos está situación?». Es decir, si no ponemos el foco en estimular su lenguaje o si no acudimos al centro de atención temprana o a una logopeda para potenciar este desarrollo lingüístico, que no es el esperado para su edad.

Si no tienes claros los signos de alarma de desarrollo del lenguaje de un peque de entre cero y tres años, te recomiendo que escuches el primer episodio del podcast en el que hablo sobre el tema.

Entiendo que, cuando alguien me traslada esta duda, es porque tiene claro que hay un retraso en el lenguaje de su hijo o de un peque cercano.

Quiero transmitirte la importancia de intervenir, tanto desde casa, como desde el centro de atención temprana, sin que parezca que estoy haciendo una campaña de marketing pro-logopedia.

Por eso voy a ser completamente sincera contigo, porque creo que solo hay una respuesta a la pregunta: «¿qué puede ocurrir si no hago nada?». Y, la respuesta es: «nada».

Anda, que ahora pensarás «ha descubierto la sopa de ajo, esta». Pero quiero que haya una cosa que quede clara: cuando esperamos un cambio y no actuamos para conseguirlo, rara vez ese cambio surge de forma espontánea.

Puede que tu peque continúe teniendo ese retraso en sus habilidades lingüísticas, porque necesite ayuda y nadie se la está ofreciendo. En este caso, el resultado final, será el que veo tantas veces en la consulta de logopedia: niños de seis, siete u ocho años con un bajo rendimiento académico, diagnóstico de dislexia, a veces erróneo, ya que, a menudo, el trastorno en el lenguaje escrito viene dado por un trastorno en el lenguaje oral; y, sobretodo, dificultades para relacionarse. Siendo estos aspectos solo la punta del iceberg, porque detrás de todos estos años en los que él ha puesto tanto esfuerzo para conseguir comunicarse, ser entendido o adquirir aprendizajes en el colegio, habrá ido colocando en su mochila un montón de inseguridades, de etiquetas como: «vago» o «tonto», a veces a causa de los demás y otras a causa de sí mismo y su baja autoestima, que es tan frágil en la infancia.

Esto que te cuento, no es una película de Almodóvar, es la realidad de un montón de peques cuyo entorno a ignorado o minusvalorado las dificultades y los retos a los que un niño se enfrenta a diario, a los que se les suman un retraso en el lenguaje.

Sin embargo, que no ocurra «nada» tiene otra lectura. Porque puede que tu peque, aunque ahora mismo no esté mostrando los niveles de lenguaje esperados, con el tiempo y sin hacer nada, su cerebro que, a lo mejor, tiene un desarrollo más lento, termine adquiriendo las destrezas típicas de su edad. Sin más.

¿Cuándo has de actuar?

Para resolver esta pregunta, voy a introducir un término que he descubierto hace poco, pero que creo que hace algunos años que se conoce que es el de «hablante tardío». Hay un artículo de la Revista de Investigación de Logopedia, publicado en 2020, que te dejo en las notas del episodio, que define al «hablante tardío» para referirse a aquellos peques de entre dos y tres años cuyo desarrollo comunicativo o lingüístico presentan una trayectoria lenta.

 Probablemente esta mamá que compartió la pregunta conoce o tiene un peque que podría considerarse un «hablante tardío».

Este estudio, toma datos de otros con población de habla inglesa y explica que entre un 10 y un 15% de la población infantil preescolar presenta un retraso inicial en el desarrollo comunicativo y lingüístico, sin referir que esté asociado a ningún trastorno, y en 30% de los casos estas dificultades se mantienen cuando son evaluados entre los 3 y 4 años de edad, y acaban siendo diagnosticados de Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) o mayormente conocido como Trastorno Específico del Lenguaje (TEL). Un 30%…

En cambio, Llorenç Andreu, psicólogo y profesor, director del máster en Dificultades de Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje de la UOC afirma que el 25% de los menores que tardan en empezar a hablar, terminan presentando un trastorno del lenguaje.

Nos vamos situando, porque no son porcentajes tan alejados.

El estudio de Moreno y Nieva (2020)

Voy a explicarte un poco cómo funcionó el estudio que te he dejado en las notas del programa y que se llevó a cabo con familias españolas. Los participantes eran peques de entre 24 y 29 meses de edad, con un desarrollo lingüístico que encaja con este concepto de «hablante tardío». Este grupo se dividió en dos: uno que recibió pautas e intervención por parte de una logopeda. Dentro de una intervención que denominamos de corte naturalista, porque consiste en dotar a las familias de los recursos y habilidades para que sean ellas mismas las que estimulan el lenguaje en el día a día.

Abro paréntesis pare decirte que es mi forma favorita de trabajar y la que encontrarás en mi e-book gratuito.

Vuelvo al artículo. Te describía que hay un subgrupo sobre el que se interviene y hay otro grupo, que se denomina «control», porque no recibe ninguna intervención, es decir, no se hace «nada».

Después de cuatro meses, los resultados indican que el primer grupo aumentó su vocabulario de forma significativa respecto al otro, es decir, los peques emitían mayor número de palabras y, además, empezaron a combinarlas, mejorando su expresión con pequeñas frases. Pero, lo que más me llama la atención (y que es lo que no conseguirá nunca una de las malditas aplicaciones de lenguaje) es que los peques comenzaron a tomar un rol más activo en las conversaciones y el adulto dejó de dominar por completo la conversación, cosa que es muy habitual cuando los niños tienen poco lenguaje. Cuesta tanto sacarles las palabras, que acabas haciendo un monólogo que te estresa hasta a ti.

Los resultados positivos del grupo que tuvo apoyo por parte de la logopeda es el resultado de que las familias comprendáis que tenéis el poder de transformar las habilidades lingüísticas de vuestro peque, cuando sois vosotros los que empezáis esta transformación.

Finalmente, ¿qué ocurrió con el otro grupo? Al cabo de un año de finalizar la intervención se contactó con las familias de nuevo. En ambos grupos había habido peques que habían necesitado logopedia, sin embargo, lo que es curioso es que el 100% de los niños del grupo control necesitó esa intervención directa.

Mi experiencia con los retrasos en el lenguaje

Y, ahora, no puedo hacer otra cosa que pensar en mi propia experiencia. Llevo ejerciendo como logopeda desde 2017, en todos estos años, no he visto ningún peque ponerse al nivel de los demás en solo cuatro meses. Eso puede ser porque los retrasos en el lenguaje que llegan a la consulta, obviamente, no se han resuelto por si solos. Seguramente el mundo está lleno de «hablantes tardíos» que no fueron a la logopeda y, en su momento, se pusieron al nivel de los demás. Pero, ¿qué pasa si eso no ocurre? ¿Qué pasa si tu peque está en ese 25-30% que va a desarrollar un trastorno en el lenguaje? Pues que estaréis perdiendo un tiempo precioso, la oportunidad de que la plasticidad cerebral, de la que te prometo que hablaremos algún día, actúe en beneficio de tu peque.

Mira, te cuento algo. A principio de curso di un alta muy bonita. Un peque con un retraso importante de su desarrollo lingüístico, a causa de una operación por epilepsia. Este niño llevaba haciendo terapia prácticamente toda su vida, no solamente en el centro donde trabajo. Después de todo este proceso, estaba aprendiendo a leer con cinco años, en un colegio de esos que tienen mucha prisa porque sus peques sepan leer. Él lo estaba haciendo y, en realidad, ni si quiera le tocaba por edad. Su lenguaje era y es totalmente funcional, mi trabajo, después de todo el esfuerzo de la familia y de ese peque, había terminado. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera tenido este acompañamiento? ¿Cómo podría haber afectado eso a su desarrollo? Haz un ejercicio de imaginación y traslada las dificultades que ves a tu peque a tu peque del futuro, dentro de tres años, por ejemplo. ¿Cómo es su lenguaje? ¿Le ayuda a relacionarse o se lo impide? ¿Le ayuda a crear pensamiento o cada vez está más desregulado? ¿Cuánto tiene que esforzarse en el colegio, ahora que ya tiene contenidos y empieza el lenguaje escrito?

Las logopedas no tenemos ningún interés en iniciar o alargar un tratamiento si no es necesario. Pero ver como las dificultades ignoradas acaban llegando de un modo u otro a la consulta, antes o después, nos hace pensar que mejor que sea antes, porque esto es como una madeja de lana de esas que usan las crocheteras y que cuando la guardas, acaba toda enredada. Si yo no separo los hilos desde el principio, cada vez me será más complejo desenredarla, se harán nudos y al final podré acabar deshaciendo la madeja, pero con mucho más tiempo y más esfuerzo y, a lo mejor, el hilo ya no será el mismo, estará más deshilachado, con menos forma y eso se notará en el jersey que querré tejer después. No sé si esta metáfora se entiende.

En conclusión

Voy a darte un poco de tregua para resumir qué te he contado hoy. Ante la duda de «¿qué puede pasar si no hacemos nada y (el peque) no tiene los niveles (lingüísticos) esperados?», citaré a Mili Matarazzo, que es una logopeda especialista en disfagia neonatal. Ella dice: «si no cambias nada, no cambia nada». Y te recordaré que entre un 25 y un 30% de los que ahora llamamos «hablantes tardíos», desarrollará un trastorno en el lenguaje. Y que la intervención basada en tu acción potencia que el peque aumente su vocabulario y comience a crear frases, y facilita sus habilidades de conversación. Todo esto influye de forma positiva en el desarrollo de sus habilidades sociales y en su rendimiento académico. Ah, y en algo muy importante: su autoestima.

¿Quieres trabajar con tu peque la aparición de palabras de uso frecuente? En este capítulo del podcast te indico tres juguetes y tres estrategias ideales para fomentar la aparición de léxico. 

NOTAS DEL PROGRAMA

Episodio 7. Tres juguetes y tres estrategias para aprender vocabulario nuevo

Amplia el vocabulario de tu peque desde casa

Se puede estimular el lenguaje sin ningún tipo de juguete y a diario, solo estando presente en cada interacción con tu peque. De eso precisamente hablo en el e-book gratuito que tienes disponible en mi web, si te suscribes a la newsletter de Lenguaje desde CERO. Se trata de un programa de cuatro semanas en el que te facilito pautas y estrategias para incluir la estimulación del lenguaje en vuestro día a día. Tendrás ejercicios prácticos y al final del mes, podrás valorar los avances.

Pero, ¿qué pasa cuando tu hijo tiene un retraso en el lenguaje? En algunos casos, solo estimular, no es suficiente y lo aconsejable es que dediques entre cinco y diez minutos al día (en función de la edad del peque y de la rutina de cada familia) a trabajar de forma específica algunas habilidades. Lo ideal es que, si tu peque va a la logopeda, sea la profesional la que te indique qué objetivos puedes reforzar a diario y enriquecer, de esta forma, el proceso terapéutico.

Juguetes para ampliar el vocabulario

Hoy me voy a centrar en la aparición de vocabulario nuevo. Hay muchas formas de fomentar que tu peque aprenda palabras nuevas. Te traigo tres juguetes que nos permiten trabajar vocabulario motivador y de alta frecuencia, como: las partes del cuerpo, los animales y objetos de uso cotidiano.

Estos tres juguetes son los siguientes:

  • Potato.
  • Animales de granja y/o de selva en miniatura (normalmente de plástico o de madera).
  • Encajes de madera, que pueden ser de distintos campos semánticos. En el despacho yo tengo uno de alimentos y otro de objetos de uso cotidiano. Puedes encontrar de frutas o de piezas de ropa para complementar buena parte del vocabulario de mayor uso para los peques.

Son juguetes muy diferentes, sin embargo, las formas de trabajarlos serán parecidas. Voy a darte tres recursos que ejemplificaré con estos juguetes.

Denominar para aprender palabras

El primero es denominar. Las logopedas y profesionales del lenguaje llamamos denominar a decir en voz alta el nombre de un objeto, animal, etc. que tenemos delante. Por ejemplo, si estoy mirando un cuento con mi peque y aparece la imagen de un oso y él la señala, yo digo: oso. Estoy denominando.

Los juguetes que te propongo son ideales para esto. Por ejemplo, en el caso de los encajes, cada vez que nuestro peque pone uno en su lugar, podemos decir el nombre del mismo en voz alta. Si tenemos unos encajes de frutas, podemos decir: «manzana», «pera», etc.

Si estamos jugando con Mr. Potato, podemos señalar los ojos, aunque todavía estén sin colocar y decir: «mira, los ojos». Después, se los ponemos: «le estoy poniendo los ojos». Haremos lo mismo con los animales.

Equivócate y amplía su vocabulario

Ahora que tu peque ya conoce las palabras, juega a equivocarte. Toma la vaca y di: «yo llevaré el caballo» y busca la mirada del peque. Espera, a ver si se ha dado cuenta de tu error. Algunos niños son tan cuidadosos que no quieren llevar la contraria al adulto, aunque se hayan dado cuenta de que está equivocado. Otros, puede que estén distraídos y no se hayan enterado o simplemente todavía no han asimilado el vocabulario nuevo. Entonces, di: «pero, ¡menudo despiste llevo! Si es una vaca».

Una vez entienden que pueden corregirte, les encanta jugar a equivocarse. Podéis hacerlo con los encajes. Pon la figura fuera de su sitio. «Vaya, aquí no encaja».  Si él lo hace también, dile, de forma graciosa: «No, no no. Aquí no encaja». I reíros juntos.

Así también aprenderá que no pasa nada si se equivoca mientras está aprendiendo.

Con Mr. Potato, puedes colocarle la nariz en un ojo y esperar a ver si te corrige. Si no lo hace, dile: «¡menudo despiste he tenido! Le he puesto la nariz donde van los ojos. ¡Mira cómo he dejado al pobre Potato!». A lo mejor es una oportunidad para ponerle al Potato la cara como un cuadro o experimentar con distintas expresiones emocionales, si el juguete dispone de ellas.

Evocar para consolidar el vocabulario aprendido

Cuando tu peque ya conoce todas las palabras, podéis incluir un juego para evocarlo y, así, consolidar el vocabulario aprendido.

Evocar también es una palabra que usamos mucho las logopedas. Quiere decir que tu peque ha de recordar la palabra, sin el juguete delante. Por ejemplo, podéis coger una pelota y pasarla de uno a otro diciendo un listado de animales, por turnos. Otra opción es rodar un coche mientras cada uno dice una parte del cuerpo o un objeto de uso cotidiano, trabajado previamente en los encajes.

Esta es una actividad compleja. No cuenta con ningún soporte visual, con lo que tu peque, debe acceder a la palabra y, además, decirla en voz alta. No lo intentes, si sus habilidades expresivas no lo permiten. Ten empatía con él. Evita exponerlo a una frustración segura y que no os aportará ningún beneficio.

En resumen

Si te fijas, he secuenciado las estrategias de más sencilla a más compleja. Para que las utilices en ese orden. Las resumo, para refrescar la información de hoy:

Te he propuesto tres juegos para potenciar la adquisición de vocabulario de alta frecuencia: Mr Potato, animales en miniatura y juegos de encajes con palabras de uso cotidiano.

También tres formas de trabajarlas de forma específica, de menor a mayor complejidad. Puedes dedicar un máximo de diez minutos al día, en función de la edad de tu peque y de vuestras rutinas.

  • Primero, denomina o nombra las palabras que estéis trabajando.
  • Segundo, juega a equivocarte y permite la equivocación de tu peque.
  • Por último, busca una dinámica divertida para decir en voz alta un listado de las palabras que habéis trabajado por grupos de palabras: animales, ropa, partes del cuerpo, etc.
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