Retraso del lenguaje

sin miedos

El miedo es una emoción básica del ser humano y, como toda emoción, tiene su propósito. Pero, ¿qué ocurre cuando tomamos decisiones desde el miedo? ¿Podemos estar frenando el avance de nuestro peque a causa de nuestras inseguridades? ¿Cuánta energía inviertes a diario en la lucha contra tus emociones? Estos son algunos temas de los que hablo en el episodio de hoy. Cómo puedes empezar la terapia logopédica (o de cualquier tipo) sin miedos, con la certeza de que lo estás haciendo bien.

Detectar un retraso en el desarrollo del lenguaje de un niño despierta miedos

El miedo es una emoción básica del ser humano (INSIDE OUT)

Resistencias → «yo también tardé en hablar…»

Dudas → «¿tendrá problemas en el colegio?»

Inseguridades → «¿será por mi culpa?»

¿Por qué tenemos que hablar de emociones?

«La emoción al volante, peligro constante»

El piloto automático de las emociones: culpa, arrepentimiento, baja conciencia y escaso procesamiento de las situaciones…

  • Enfoque cognitivo-conductual
  • Pensamiento-emoción-acción 

¿Qué pensamientos se esconden detrás del miedo?

¿Actúo desde el miedo?

Rechazo y autosabotaje

– Validando la opinión de un profesional/familiar que te recomienda esperar 

– Minimizando las dificultades porque es demasiado pronto para pedir ayuda 

– Procrastinando el buscar un centro privado porque en el CDIAP hay lista de espera

→ Lucha vs. Aceptación

  • La aceptación como final de un proceso de duelo
  • La lucha es un dementor 

¿Cómo vas de energía?

  • La autoevaluación
  • El trabajo emocional
  • La acción

«Házlo. Y si tienes miedo, hazlo con miedo»

Sin miedos

mi hijo entiende todo

La comprensión del lenguaje aparece antes que las primeras palabras, sin embargo, pocas veces se toma como una referencia porque es difícil saber cuántas palabras comprende un peque. ¿Crees que tu peque lo comprende todo, aunque esté tardando un poco en hablar? A lo mejor no has tenido en cuenta las múltiples ayudas que ofrecemos los adultos para que los niños nos entiendan. Si quieres saber un poco más sobre la comprensión y cómo favorecerla en casa, este episodio es para ti. 

La comprensión oral

  • Comprensión: lenguaje receptivo
  • Expresión: lenguaje expresivo

Previa a la expresión oral

Indicador de retraso en el lenguaje difícil de valorar en casa

¿Cómo la exploramos?

Importancia de evaluar la comprensión aunque «lo entienda todo»

Ayudas al lenguaje oral que no nos permiten conocer la comprensión:

  • Entornos habituales (con vocabulario de alta frecuencia)
  • Órdenes predecibles
  • Gestos de soporte

→ Más allá de las órdenes (no todo es un perro)

¿Qué puedo hacer?

  • Facilitar soportes al lenguaje oral
  • Hablar a tu hijo 
  • Exponer a situaciones diferentes 
  • Permitirle participar en rutinas de limpieza, órden y organización de la semana

De la teoría a la acción

El juego de Mi primer LINCE

Jugar a la equivocación

  • Cometer errores a propósito
  • Dar espacio para una respuesta
  • Acompañar el error del niño

Recoger el lince por campos semánticos (parte del curso 7 rutinas/7 retos)

cuéntame todo

Qué difícil es que los peques nos cuenten cosas sobre su día. Nosotras no hemos estado ahí y nos encantaría saber todo sobre sus experiencias. En este episodio te cuento los motivos de por qué tu peque no te explica algunas cosas y te dejo algunas ideas para que empiece a expresarse sin que acabéis enfurruñados.

cuándo habla el bebé

¿Cómo de importantes son las primeras palabras de un peque? Hay quienes apenas las tienen en cuenta, dando a entender que la aparición del lenguaje oral es casi una decisión del niño y no un hito del neurodesarrollo. Otros las confunden con las primeras vocalizaciones y balbuceos, pensando que el peque muestra un desarrollo precoz. Ni tanto, ni tan calvo, vamos a ver. Las primeras palabras son un indicador bastante honesto sobre cómo se está desarrollando el lenguaje del niño. Si tienes dudas sobre cuándo han de aparecer y cómo puedes ayudar a que tu peque exprese estas primeras palabras, este episodio te interesa. 

mi hijo pega

En este capítulo hablo de la relación entre el desarrollo del lenguaje y la regulación emocional. Te explico por qué los niños pequeños y algunos peques con un retraso en su desarrollo lingüístico expresan su enfado y su frustración pegando y te doy algunas ideas para disminuir esta conducta. 

Episodio 11. Mi hijo pega

Las dificultades en el lenguaje y la regulación emocional

Los niños pegan. Esto es así. Especialmente en la escuela infantil cuando todavía son bastante pequeños y no tienen mucho lenguaje. Puedes pensar que los niños que pegan es porque lo ven en casa, que normalmente son niños más violentos, pero lo cierto es que el niño puede ser el hijo de Buda y que suelte tortas como panes. Los niños son reactivos. Es decir, sus acciones suelen tener bastante carga emocional. Un adulto no pega a otro porque sabe las consecuencias que puede traer esto. Puede anticipar que hará daño al otro o que el otro se lo hará a él. Como adulto, puedes pensar que pegar no va a ser la solución más efectiva o que, incluso, puedes acabar en el cuartelillo. El niño pequeño no hace este razonamiento. 

No sé si vas mucho en transporte público, yo vivo a las afueras de Barcelona y lo cojo a diario. Cuando estoy metida en un vagón, hacinada, respirando el mismo aire que las treinta personas que hay en el vagón o más y alguien me da un golpe, por pequeño que sea, me cabrea. Lo que pasa es que tengo treinta y dos años y he aprendido a gestionar este enfado. Primero a identificarlo. Y después, a controlarlo, diciéndome a mi misma que es normal que alguien te de un golpe, que ha sido sin querer, que esa persona está tan hasta el moño como tu de estar ahí dentro. 

Pero, ¿qué pasa cuando un niño va como un loco corriendo y golpea a otro en el patio? Lo más probable es que el primero reaccione y le de un tortazo. No estoy justificando la agresión, ni diciendo que esté bien, pero claro, no podemos escandalizarnos porque un niño de dos años empuje a otro o le muerda. Sí podemos reconducir estas conductas, pero primero tienes que entender que todo el proceso que realiza el adulto para no liarse a tortazos tiene mucho lenguaje de por medio. La mayoría de las veces pensamos con lenguaje. Esto quiere decir que para regular nuestra propia conducta ponemos palabras a lo que sentimos. «Me siento mal, pero… Me ha hecho daño, pero…». Los niños pequeños o con un retraso en su lenguaje, tienen menos posibilidades de hacer estos razonamientos. Ellos solo sienten y actúan en consecuencia. «Me has hecho daño, quiero que te alejes». «Me has quitado un juguete y quiero que me lo devuelvas».

¿Qué podemos hacer los adultos para reducir esta conducta de pegar?

En primer lugar, deberás estar pendiente cuando tu hijo juega con otros niños y anticipar, en la medida de lo posible, los conflictos. Estoy hablando de niños muy pequeños o con un retraso en su lenguaje. También puedes anticipar una situación de enfrentamiento que se pueda dar contigo. Tu conoces a tu hijo, sabes qué es lo que le molesta. Sabes que si te pide algo, como que le compres un juguete, y tu no se lo vas a comprar, va a haber lío. ¿Esto quiere decir que le has de comprar el juguete? Obvio que no, pero puedes anticipar una situación que puede desencadenar en que te pegue. Si crees que te puede pegar y lo tienes en brazos, por ejemplo, déjalo en el suelo. O evita pasar por delante de la juguetería o del quiosco en los que te suele pedir algo.

No vas a poder impedir una conducta de este tipo siempre. Igual que no siempre se puede evitar el enfado, pero hazte la vida fácil y si puedes prevenirlo, hazlo. En los casos en los que no, hay dos opciones: distraer al niño con otro tema, si no ha entrado en estado de ebullición; o, aguantar el chaparrón. Eso sí, poniendo límites. 

He tenido varias familias preocupadas porque sus hijos les pegaban cuando estaban enfadados. Lo primero que les digo siempre es que esto es normal. Pero, lo segundo es que eso se tiene que acabar. Hay que poner límites. Cuando tenemos niños con dificultades en el lenguaje, incluso en la comprensión, podemos poner límites. Límites físicos: poniendo la mano delante de la cara e impidiendo que nos pegue; apartándonos; mostrando cara de disgusto. Todo esto lo entienden todos los niños. Es parte del lenguaje no verbal. Si alguien te pega, te molesta. Te duele. Te disgusta. Él debe verlo y oírlo. Nárralo. «Esto no me gusta, me haces daño, me enfada». ¿Cómo va a identificar sus emociones si tú no verbalizas las tuyas? 

Conozco una familia cuyo peque va en silla de ruedas y tuvo una época en la que le dio por pegar a la mamá cuando se sentía frustrado. También le pellizcaba el brazo o pataleaba. La recomendación fue sencilla en este caso: «bloqueas la silla de ruedas y te apartas». No podemos dejar que los niños nos peguen. Ah, y olvida eso de pegarle tú para que vea lo que siente. No necesito beberme un vaso de lejía para saber que no he de hacerlo. Tu hijo puede aprender que no debe pegar sin que le pegues tú. Entre otras cosas, porque es contraproducente. «Me dicen que no debo hacerlo, pero me lo hacen a mí». ¿Qué injusto, no?

Transitar emociones negativas

Tener a un niño desbordado es muy complejo de gestionar, pero hay que tener empatía. Esto de las emociones es nuevo para él. Si a nosotros, como adultos, nos cuesta dirigir nuestras emociones más fuertes, como la tristeza o el enfado, ¿por qué han de saber hacerlo los peques? Échale un cable. Busca una forma de aliviar esa emoción. ¿Está triste porque tiene que abandonar el parque y volver a casa? ¿Cómo puedes hacer que se sienta mejor? A lo mejor, podéis volver a casa en la motillo o en el patinete. Si está enfadado porque no le has podido comprar ese juguete, también puedes intentar aliviar su enfado. A lo mejor tu hijo se siente bien con una música en concreto o con un juguete que estimule su tacto, como un cubo sensorial. Puedes poner música tranquila en una grabadora. No en el móvil, eh, que nos conocemos. ¿Qué es lo que te ayuda a tí a transitar una emoción? Si estás triste, a lo mejor, te pones La Oreja de Van Gogh. Si algo te enfada, te pones a limpiar, yo que sé. Pues piensa en qué puede hacerle sentir mejor a tu hijo y dale alternativas para que deje de expresar y transitar sus emociones más fuertes pegando.

Resumiendo

Voy a resumir las claves para comprender por qué tu hijo pega y qué puedes hacer para disminuir esta conducta.

Los niños pequeños no tienen suficiente lenguaje para autorregular sus emociones, además, están empezando a experimentarlas y todavía no han aprendido cómo se gestionan. Así que son más reactivos. Si algo les molesta, pueden responder pegando. Esto, aunque es normal, debemos trabajarlo. Te doy algunas ideas:

  • Anticipar los momentos de conflicto y evitarlos o reconducirlos.
  • Poner límites físicos, sin pegar a tu hijo. Eres su ejemplo y su persona segura.
  • Expresar cómo te hace sentir su comportamiento.
  • Buscar formas de aliviar su emoción y ayudarlo a transitarla.

Si quieres saber más sobre el manejo de emociones intensas, como las rabietas, te dejo a mano el capítulo 5 del podcast: «¿cómo evité que un niño hiciera una rabieta en la sesión de logopedia?».

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