signos de autismo

¿Has leído en internet que existen signos de alarma para el autismo? ¿Tienes un bebé que no tiene interés en comunicarse contigo? Este episodio te interesa. En él, hablo con Sandra Vidal, logopeda neonatal, especialista en salud mental perinatal, sobre la importancia de acompañar el lenguaje en los primeros años de vida y de interpretar los indicadores de autismo con cautela.

¿Te gustaría conocer la importancia de la relación mamá-bebé en el desarrollo del lenguaje? ¿Reflexionar sobre la necesidad de contar con profesionales especializados en autismo? Sandra nos guía en un viaje hacia el autoconocimiento y hacia la deconstrucción. 

¡Dale al play! Que empezamos. 

 
signos para bebés

¿Te cuesta comunicarte con tu bebé, ahora que todavía no habla? ¿Quieres estimular su lenguaje antes de sus primeras palabras? Este episodio te interesa. En él hablo con Vanessa Viaji (instructora de Baby Signs) sobre un método de comunicación temprana basado en los signos: los «Baby Signs». 

¿Te gustaría empezar con los signos, pero no sabes cuándo, ni cómo empezar? ¿Has oído decir que signar con tu peque podría retrasar el desarrollo del lenguaje? ¿Tu peque tiene alguna condición especial y no sabes si es apto para los «Baby Signs»? Vanessa responde a estas preguntas y a muchas más. 

dos lenguas peque

¿Habláis dos lenguas en casa? ¿Vivís en un entorno bilingüe? Este episodio te interesa. En él hablo con Estela Bayarri (Logopeda infantil consciente) sobre el desarrollo del lenguaje del peque cuando está en contacto con dos lenguas. 

¿Tu peque prefiere comunicarse en solo una de las dos lenguas que habláis en casa? ¿Has observado un retraso en su lenguaje y no sabes cómo actuar? ¿Quieres que hable un idioma extrangero? Estela responde a estas preguntas y a muchas más. 

mi hijo pega

En este capítulo hablo de la relación entre el desarrollo del lenguaje y la regulación emocional. Te explico por qué los niños pequeños y algunos peques con un retraso en su desarrollo lingüístico expresan su enfado y su frustración pegando y te doy algunas ideas para disminuir esta conducta. 

Episodio 11. Mi hijo pega

Las dificultades en el lenguaje y la regulación emocional

Los niños pegan. Esto es así. Especialmente en la escuela infantil cuando todavía son bastante pequeños y no tienen mucho lenguaje. Puedes pensar que los niños que pegan es porque lo ven en casa, que normalmente son niños más violentos, pero lo cierto es que el niño puede ser el hijo de Buda y que suelte tortas como panes. Los niños son reactivos. Es decir, sus acciones suelen tener bastante carga emocional. Un adulto no pega a otro porque sabe las consecuencias que puede traer esto. Puede anticipar que hará daño al otro o que el otro se lo hará a él. Como adulto, puedes pensar que pegar no va a ser la solución más efectiva o que, incluso, puedes acabar en el cuartelillo. El niño pequeño no hace este razonamiento. 

No sé si vas mucho en transporte público, yo vivo a las afueras de Barcelona y lo cojo a diario. Cuando estoy metida en un vagón, hacinada, respirando el mismo aire que las treinta personas que hay en el vagón o más y alguien me da un golpe, por pequeño que sea, me cabrea. Lo que pasa es que tengo treinta y dos años y he aprendido a gestionar este enfado. Primero a identificarlo. Y después, a controlarlo, diciéndome a mi misma que es normal que alguien te de un golpe, que ha sido sin querer, que esa persona está tan hasta el moño como tu de estar ahí dentro. 

Pero, ¿qué pasa cuando un niño va como un loco corriendo y golpea a otro en el patio? Lo más probable es que el primero reaccione y le de un tortazo. No estoy justificando la agresión, ni diciendo que esté bien, pero claro, no podemos escandalizarnos porque un niño de dos años empuje a otro o le muerda. Sí podemos reconducir estas conductas, pero primero tienes que entender que todo el proceso que realiza el adulto para no liarse a tortazos tiene mucho lenguaje de por medio. La mayoría de las veces pensamos con lenguaje. Esto quiere decir que para regular nuestra propia conducta ponemos palabras a lo que sentimos. «Me siento mal, pero… Me ha hecho daño, pero…». Los niños pequeños o con un retraso en su lenguaje, tienen menos posibilidades de hacer estos razonamientos. Ellos solo sienten y actúan en consecuencia. «Me has hecho daño, quiero que te alejes». «Me has quitado un juguete y quiero que me lo devuelvas».

¿Qué podemos hacer los adultos para reducir esta conducta de pegar?

En primer lugar, deberás estar pendiente cuando tu hijo juega con otros niños y anticipar, en la medida de lo posible, los conflictos. Estoy hablando de niños muy pequeños o con un retraso en su lenguaje. También puedes anticipar una situación de enfrentamiento que se pueda dar contigo. Tu conoces a tu hijo, sabes qué es lo que le molesta. Sabes que si te pide algo, como que le compres un juguete, y tu no se lo vas a comprar, va a haber lío. ¿Esto quiere decir que le has de comprar el juguete? Obvio que no, pero puedes anticipar una situación que puede desencadenar en que te pegue. Si crees que te puede pegar y lo tienes en brazos, por ejemplo, déjalo en el suelo. O evita pasar por delante de la juguetería o del quiosco en los que te suele pedir algo.

No vas a poder impedir una conducta de este tipo siempre. Igual que no siempre se puede evitar el enfado, pero hazte la vida fácil y si puedes prevenirlo, hazlo. En los casos en los que no, hay dos opciones: distraer al niño con otro tema, si no ha entrado en estado de ebullición; o, aguantar el chaparrón. Eso sí, poniendo límites. 

He tenido varias familias preocupadas porque sus hijos les pegaban cuando estaban enfadados. Lo primero que les digo siempre es que esto es normal. Pero, lo segundo es que eso se tiene que acabar. Hay que poner límites. Cuando tenemos niños con dificultades en el lenguaje, incluso en la comprensión, podemos poner límites. Límites físicos: poniendo la mano delante de la cara e impidiendo que nos pegue; apartándonos; mostrando cara de disgusto. Todo esto lo entienden todos los niños. Es parte del lenguaje no verbal. Si alguien te pega, te molesta. Te duele. Te disgusta. Él debe verlo y oírlo. Nárralo. «Esto no me gusta, me haces daño, me enfada». ¿Cómo va a identificar sus emociones si tú no verbalizas las tuyas? 

Conozco una familia cuyo peque va en silla de ruedas y tuvo una época en la que le dio por pegar a la mamá cuando se sentía frustrado. También le pellizcaba el brazo o pataleaba. La recomendación fue sencilla en este caso: «bloqueas la silla de ruedas y te apartas». No podemos dejar que los niños nos peguen. Ah, y olvida eso de pegarle tú para que vea lo que siente. No necesito beberme un vaso de lejía para saber que no he de hacerlo. Tu hijo puede aprender que no debe pegar sin que le pegues tú. Entre otras cosas, porque es contraproducente. «Me dicen que no debo hacerlo, pero me lo hacen a mí». ¿Qué injusto, no?

Transitar emociones negativas

Tener a un niño desbordado es muy complejo de gestionar, pero hay que tener empatía. Esto de las emociones es nuevo para él. Si a nosotros, como adultos, nos cuesta dirigir nuestras emociones más fuertes, como la tristeza o el enfado, ¿por qué han de saber hacerlo los peques? Échale un cable. Busca una forma de aliviar esa emoción. ¿Está triste porque tiene que abandonar el parque y volver a casa? ¿Cómo puedes hacer que se sienta mejor? A lo mejor, podéis volver a casa en la motillo o en el patinete. Si está enfadado porque no le has podido comprar ese juguete, también puedes intentar aliviar su enfado. A lo mejor tu hijo se siente bien con una música en concreto o con un juguete que estimule su tacto, como un cubo sensorial. Puedes poner música tranquila en una grabadora. No en el móvil, eh, que nos conocemos. ¿Qué es lo que te ayuda a tí a transitar una emoción? Si estás triste, a lo mejor, te pones La Oreja de Van Gogh. Si algo te enfada, te pones a limpiar, yo que sé. Pues piensa en qué puede hacerle sentir mejor a tu hijo y dale alternativas para que deje de expresar y transitar sus emociones más fuertes pegando.

Resumiendo

Voy a resumir las claves para comprender por qué tu hijo pega y qué puedes hacer para disminuir esta conducta.

Los niños pequeños no tienen suficiente lenguaje para autorregular sus emociones, además, están empezando a experimentarlas y todavía no han aprendido cómo se gestionan. Así que son más reactivos. Si algo les molesta, pueden responder pegando. Esto, aunque es normal, debemos trabajarlo. Te doy algunas ideas:

  • Anticipar los momentos de conflicto y evitarlos o reconducirlos.
  • Poner límites físicos, sin pegar a tu hijo. Eres su ejemplo y su persona segura.
  • Expresar cómo te hace sentir su comportamiento.
  • Buscar formas de aliviar su emoción y ayudarlo a transitarla.

Si quieres saber más sobre el manejo de emociones intensas, como las rabietas, te dejo a mano el capítulo 5 del podcast: «¿cómo evité que un niño hiciera una rabieta en la sesión de logopedia?».

juguetes estimular bebes

¿Cuáles son los juguetes más estimulantes para los bebés? ¿Cómo podemos potenciar la adquisición del lenguaje a través de estos? Para este episodio he escogido tres juguetes aptos para peques a partir de seis meses y te explico la importancia de fomentar el habla antes de que aparezcan las palabras. 

 

Episodio 10. Juguetes para estimular a los bebés

La estimulación del habla en los primeros meses

Cuando los bebés todavía no hablan, podemos cometer el error de pensar que la estimulación de su lenguaje no es una tarea prioritaria, que hay que esperar hasta que, al menos, empiecen a expresar sus primeras palabras. El lenguaje es un área principal en el desarrollo de cualquier niño, lo diré las veces que haga falta para que se meta en todas las cocorotas. 

En esta entrada voy a hablar de juguetes para bebés y de cómo utilizarlos para estimular el lenguaje del peque. Para ello, hemos de ponernos objetivos. En realidad, cuando tenemos un objetivo claro, el juguete, la estrategia o la actividad que llevemos a cabo es indiferente. Lo importante es el objetivo y pueden existir muchas formas de llegar hasta él. En este caso hablaremos de juguetes pero, por ejemplo, en el episodio nueve te he explicado otras formas de estimular el lenguaje, como sería aprovechando el cambio de estación y las múltiples oportunidades de aprendizaje que nos brinda. 

¿Cuáles son las metas que debemos perseguir cuando tenemos un peque que todavía no habla? Está claro que no será lo mismo interactuar con un recién nacido que con un bebé de 8 meses. Por eso he pensado en centrarme en bebés a partir de los 6 meses, que es cuando pueden permanecer sentados sin ayuda. Esto es interesante porque cambia el plano en el que nos vamos a relacionar con él. Ya no tendremos que colocarnos por encima de su campo visual, como hacemos con un bebé que está siempre tumbado, sinó que él mismo, al incorporarse podrá escoger qué es lo que prefiere en su campo visual. Esto ya nos dará las primeras oportunidades de permitirle escoger entre un juguete y  otro. 

Pero, rebobino: objetivos. Propongo tres objetivos básicos: mantener el contacto visual con el adulto, conseguir la imitación de acciones y la toma de turnos. 

Hay un montón de juguetes para niños a partir de seis meses, yo voy a escoger algunos en concreto, pero seguro que puedes servirte de los que ya tengas en casa. Para escoger juguetes que estimulen el lenguaje, te recomiendo que escuches el capítulo dos del podcast en el que hablo de los requisitos del juguete ideal, te dejo el enlace en las notas del programa. 

Personalmente, para estos objetivos, me gustan: un instrumento de percusión, como un tambor o un xilófono o, incluso, un piano, pero no electrónico de lucecitas, que nos va a volver locos; Un juguete apilable, tipo cubos sensoriales o vasos apilables, o pirámides de aros, etc.; Y un cuento de tela.

¿Qué puedes esperar de estos juguetes para estimular a tu bebé?

Se habla muy poco de que existen unas habilidades llamadas «precursoras del lenguaje». Si entendemos el lenguaje como una construcción, como un edificio o una casa, los precursores del lenguaje serán los cimientos. Sin ellos, el lenguaje no tendrá una base sólida sobre la que desarrollarse. La atención por los rostros, el contacto visual, la imitación y la llamada atención compartida, que es cuando un adulto y un niño están pendientes de un mismo objeto, son precursores del lenguaje. Capacidades que permitirán al peque este desarrollo. Además, por lo que he leído en las últimas investigaciones, se está empezando a hablar de que aspectos como la toma de turnos, tan necesaria  para el manejo de las conversaciones, se da incluso antes de hablar y podría formar parte de estas habilidades que permiten la aparición de lenguaje, por eso también la he incluido entre mis objetivos.

Para jugar con el niño hemos de presentarle el juguete como algo atractivo. Podemos dejar que lo explore primero. A estas edades es muy posible que se los lleve a la boca, por eso han de ser juguetes aptos para esta edad. He hablado de instrumentos, pero ojo, que no tengan piezas pequeñas que puedan darnos un susto. 

Una vez el peque ya ha explorado el juguete, lo que harás es observar cómo juega. No vas a imponer tus normas, vas a unirte a las suyas. Así que primero le darás un espacio de exploración, de ver cómo funciona este juguete: hace ruido, como sabe… Y observarás qué hace tu hijo. ¿Entiende cómo funciona o le está dando un uso peculiar? No importa, puede salirse del guión y no pasa nada. No vas a tomar las riendas hasta que no observes un patrón de juego. Damos muy poca importancia a la observación y es crucial. Estamos siempre: acción, acción, acción. Para. Detente. Mira. Analiza. ¿Qué ocurre? No puedo saber cómo llegar a un lugar si en el gps no pongo de donde vengo. Esto es lo mismo. Nuestros objetivos pueden ser: establecer contacto visual, promover la imitación de acciones e iniciar la toma de turnos. Esta es la meta. Pero, ¿de dónde partimos? 

Cuando ya hemos observado un patrón de juego, podemos empezar a influir en él, siempre partiendo de su juego. Por ejemplo, si estamos con el piano, el niño, a lo mejor,  aporrea el piano y aprieta varias teclas a la vez. Está claro cuál es su interés, vamos a darle una vuelta a esto. Como adulto puedes empezar tocando una sola tecla y sorprendiéndote del sonido que hace. Un sonido aislado, diferente al que ha estado sonado cuando tu peque aprieta todas las teclas al mismo tiempo. Si el vuelve a aporrear el piano, le dejas. A él le gusta. Pero, vuelves a mostrarle lo que ocurre si solo tocáis una tecla. Si aporrea el piano porque no puede tocar una tecla, por un tema más motor, puedes pedirle la mano y tomar su dedito y modelar lo que sería tocar una sola tecla. En esta actividad es sencillo reforzar la mirada, cuando el niño nos mira de forma natural porque el sonido le ha parecido muy estimulante, sonreímos y miramos al peque. Aquí puedes empezar una toma de turnos: primero tú y luego yo. O ahora tú y ahora yo. 

Con los juguetes apilables haremos exactamente lo mismo. Primero, ofrecer el juguete y observar cómo lo explora. Esperar hasta que cree un patrón de juego o, si lo ves perdido. Si al peque le cuesta investigar cómo funciona este juguete, puedes hacer una propuesta de juego. En este caso, apilar los juguetes y esperar a que nos imite, por ejemplo. Si no lo puede hacer, ayúdale físicamente, sin forzar. Observando y actuando en consecuencia. 

El cuento de tela es ideal para aprender a pasar páginas. También para disfrutar de los sonidos que a veces realizan estas páginas de tela o los elementos que hay cosidos. También puedes puedes introducir el vocabulario de los dibujos.

Con los apilables o con los instrumentos tienes la misma posibilidad. Incluye palabras útiles, como verbos: «dame», «toma»; Adverbios: «más», «encima»; Y nombres: «aros», «teclas», «cuento», etc.

En resumen

Dejemos de pensar que el lenguaje empieza en las palabras y empecemos a estimularlo desde el principio, desde el nacimiento. Los juguetes son solo una herramienta de estimulación. Por sí mismos, sin la ayuda del adulto sirven para una estimulación sensorial y cognitiva, pero no facilitarán la aparición del lenguaje. 

En este capítulo hemos abordado tres objetivos para peques a partir de seis meses:

  • Establecer el contacto visual.
  • Promover la imitación de acciones.
  • Iniciar la toma de turnos. 

He nombrado tres juguetes que nos permiten la atención compartida entre el peque y el adulto: instrumentos de percusión, juguetes apilables y cuentos de tela. Los utilizaremos teniendo en cuenta estas fases:

  1. Permitir la exploración del peque.
  2. Observar si se crea un patrón de juego.
  3. Participar en su juego, añadiendo un elemento nuevo que el peque pueda imitar.
  4. Reforzar la mirada con una sonrisa o palabras de apoyo.
  5. Facilitar la toma de turnos «primero yo y después tu».
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