Se habla muy poco de que existen unas habilidades llamadas «precursoras del lenguaje». Si entendemos el lenguaje como una construcción, como un edificio o una casa, los precursores del lenguaje serán los cimientos. Sin ellos, el lenguaje no tendrá una base sólida sobre la que desarrollarse. La atención por los rostros, el contacto visual, la imitación y la llamada atención compartida, que es cuando un adulto y un niño están pendientes de un mismo objeto, son precursores del lenguaje. Capacidades que permitirán al peque este desarrollo. Además, por lo que he leído en las últimas investigaciones, se está empezando a hablar de que aspectos como la toma de turnos, tan necesaria para el manejo de las conversaciones, se da incluso antes de hablar y podría formar parte de estas habilidades que permiten la aparición de lenguaje, por eso también la he incluido entre mis objetivos.
Para jugar con el niño hemos de presentarle el juguete como algo atractivo. Podemos dejar que lo explore primero. A estas edades es muy posible que se los lleve a la boca, por eso han de ser juguetes aptos para esta edad. He hablado de instrumentos, pero ojo, que no tengan piezas pequeñas que puedan darnos un susto.
Una vez el peque ya ha explorado el juguete, lo que harás es observar cómo juega. No vas a imponer tus normas, vas a unirte a las suyas. Así que primero le darás un espacio de exploración, de ver cómo funciona este juguete: hace ruido, como sabe… Y observarás qué hace tu hijo. ¿Entiende cómo funciona o le está dando un uso peculiar? No importa, puede salirse del guión y no pasa nada. No vas a tomar las riendas hasta que no observes un patrón de juego. Damos muy poca importancia a la observación y es crucial. Estamos siempre: acción, acción, acción. Para. Detente. Mira. Analiza. ¿Qué ocurre? No puedo saber cómo llegar a un lugar si en el gps no pongo de donde vengo. Esto es lo mismo. Nuestros objetivos pueden ser: establecer contacto visual, promover la imitación de acciones e iniciar la toma de turnos. Esta es la meta. Pero, ¿de dónde partimos?
Cuando ya hemos observado un patrón de juego, podemos empezar a influir en él, siempre partiendo de su juego. Por ejemplo, si estamos con el piano, el niño, a lo mejor, aporrea el piano y aprieta varias teclas a la vez. Está claro cuál es su interés, vamos a darle una vuelta a esto. Como adulto puedes empezar tocando una sola tecla y sorprendiéndote del sonido que hace. Un sonido aislado, diferente al que ha estado sonado cuando tu peque aprieta todas las teclas al mismo tiempo. Si el vuelve a aporrear el piano, le dejas. A él le gusta. Pero, vuelves a mostrarle lo que ocurre si solo tocáis una tecla. Si aporrea el piano porque no puede tocar una tecla, por un tema más motor, puedes pedirle la mano y tomar su dedito y modelar lo que sería tocar una sola tecla. En esta actividad es sencillo reforzar la mirada, cuando el niño nos mira de forma natural porque el sonido le ha parecido muy estimulante, sonreímos y miramos al peque. Aquí puedes empezar una toma de turnos: primero tú y luego yo. O ahora tú y ahora yo.
Con los juguetes apilables haremos exactamente lo mismo. Primero, ofrecer el juguete y observar cómo lo explora. Esperar hasta que cree un patrón de juego o, si lo ves perdido. Si al peque le cuesta investigar cómo funciona este juguete, puedes hacer una propuesta de juego. En este caso, apilar los juguetes y esperar a que nos imite, por ejemplo. Si no lo puede hacer, ayúdale físicamente, sin forzar. Observando y actuando en consecuencia.
El cuento de tela es ideal para aprender a pasar páginas. También para disfrutar de los sonidos que a veces realizan estas páginas de tela o los elementos que hay cosidos. También puedes puedes introducir el vocabulario de los dibujos.
Con los apilables o con los instrumentos tienes la misma posibilidad. Incluye palabras útiles, como verbos: «dame», «toma»; Adverbios: «más», «encima»; Y nombres: «aros», «teclas», «cuento», etc.