vocabulario del otoño
Aprende estrategias para estimular el vocabulario relacionado con el cambio de estación en casa. No pierdas la oportunidad de aumentar el léxico de tu peque con palabras útiles, motivadoras y que le van a permitir participar en las numerosas actividades que ofrece la Castañada, Halloween y, más adelante, la Navidad.

NOTAS DEL EPISODIO: 

Episodio 9. Fomenta el vocabulario del otoño

El cambio de estación y las oportunidades de estimular el lenguaje

Ha llegado el otoño y con él la castañada y Halloween. En nada tenemos aquí el invierno y la Navidad. Son dos estaciones llenas de tradición y de actividades en familia. En las escuelas infantiles y en los colegios, los peques se pasan semanas hablando de la llegada de cada estación, de cómo afectará al tiempo y al paisaje. Las ventanas se llenan de dibujos relacionados con cada temática y las tareas escolares se enfocan hacia el aprendizaje de estas costumbres, se narran leyendas, cuentos…

Tanto si tenemos un peque con un desarrollo típico del lenguaje, como si experimenta un retraso, es importantísimo que maneje el vocabulario relacionado con los cambios de estación. Que las familias seáis una parte activa en todo este proceso ayudará al niño a mejorar su comprensión y la expresión dentro de todas estas actividades y, sobre todo, permitirá que se sienta cómodo en ellas. Que se sienta incluido y partícipe. Porque está muy bien tener a un peque metido en un aula llena de dibujos de castañas y de hojas secas. Pero, si no tiene ni idea de por qué se ha pasado el fin de semana recogiendo hojitas en el parque o pintando castañas con ojos en clase, habremos perdido la oportunidad de enseñar vocabulario útil, motivador y que le va a permitir relacionarse con los demás durante las próximas semanas, al menos. Porque no nos engañemos, en el colegio, la castañada, las navidades… todas estas fiestas son la excusa perfecta para que las familias montéis eventos y os relacionéis entre vosotras. Y esto os encanta, que lo sé yo. 

Pero, ¿qué es esto del vocabulario del otoño? Son palabras, normalmente nombres, es decir, sustantivos, pero también adjetivos, como colores o sensaciones corporales, como el frío, o sabores, como el dulce. También verbos como: «mirar», «poner», «llover»… Creo que es muy importante que empecemos a poner palabras a los cambios que se producen en contraste con el verano. 

Para estimular la aparición de léxico relacionado con el otoño vamos a trabajar tres escenarios: el cambio de estación, los elementos de la naturaleza y las actividades.

Cambio de estación. Inmersión y decisiones

Te propongo que busques un espacio en la entrada de casa para colocar una pizarra, un corcho o cartón con velcros en el que puedas incluir fotografías o imágenes de las piezas de ropa y objetos que utilizamos para salir a la calle. 

Antes de salir de casa, con tu peque, podéis mirar por la ventana, ver si llueve, si está nublado, sentir la temperatura en un brazo… En el plafón de la entrada podéis tener imágenes o pictogramas con los distintos cielos posibles (despejado, nublado, etc.) y, en función de cómo esté el cielo antes de salir, valoraréis juntos el llevar unas piezas de ropa u otras, como el chubasquero o un abrigo. 

En el apartado de material te voy a dejar un ejemplo de plafón para gestionar los meses de otoño e invierno con lo más básico. Verás que las imágenes, sean fotografías o dibujos, van a ser un gran soporte. Si no lo puedes imprimir, lo puedes dibujar, cópialo. 

Con este ejercicio el peque comenzará a comprender lo que supone un cambio de estación, al mismo tiempo que estará procesando vocabulario relacionado con esto. Además, el permitirle tomar decisiones, como si coger o no el paraguas o qué chaqueta ponerse, le dará la oportunidad de practicar este vocabulario del otoño sin que tengamos que hacerle repetir las palabras, como si fuera un loro.

Elementos de la naturaleza y alimentos. Observación y recogida

El cambio de estación no solo se nota en la temperatura, sinó que todo el entorno natural se transforma. Las hojas cambian de color y caen al suelo. Los niños encuentran bellotas secas entre el follaje. Vuelven los boniatos (o batata) y las castañas a las fruterías, incluso se venden asadas en algunos puestos de la calle. Es importantísimo que dirijamos el foco del peque hacia estos cambios. Un buen momento para esto podría ser de camino a la escuela infantil o al colegio. Incluso, poner estos nuevos alimentos en el menú familiar es una gran oportunidad de presentar este léxico. 

Para trabajar este escenario te propongo que compres una cesta de madera o de paja y la llenes de elementos de la naturaleza que sean muy del otoño. Vais a ser los chatarreros del otoño. Vais a recoger hojas, bellotas, piñas… vas a comprar castañas y algunas frutas que puedas deshidratar, (seguro que hay algún tutorial de youtube para deshidratar frutas…) y las vas a meter todas en este cesto, que también puedes poner en la entrada. Es como una cesta de los tesoros del otoño. 

En el apartado de material, en el mismo documento, te dejo dos láminas con vocabulario relacionado con la naturaleza y alimentos típicos de esta estación. Puedes imprimirlos por partida doble, pegarlos a un cartón o a un folio de color y crear un juego de memoria, (un  memori), y trabajar este vocabulario en casa, especialmente hay un retraso en el lenguaje y necesitas una actividad extra.

Actividades. Oportunidad y repetición

El último escenario para incluir todo este vocabulario que habremos trabajado a partir del cambio en el tiempo y en la naturaleza, a causa del otoño, es el de crear oportunidades para repetir este léxico mediante actividades. No utilizando la estrategia errónea de pedirle al peque que lo nombre todo: «¿cómo se llama esto?», «¿qué es esto otro?». Es contraproducente y muy irritante.

Así que vas a pensar propuestas para realizar junto a tu hijo en las que puedas incluir el vocabulario del otoño. Te voy a dar algunos ejemplos que deberás adaptar en función de la edad de tu peque y de vuestros intereses. 

Me imagino un día de excursión al bosque para tomar fotografías del follaje y recoger elementos de la naturaleza para nuestra cesta del otoño, por ejemplo. En este documento que te he compartido en mi web, también he incluido una paleta de colores para que puedas imprimirla y ponerla al lado de los elementos que recojáis y compararlos. 

Otra actividad. Me imagino una tarde de cocina en casa. Preparar lo que en Cataluña conocemos como «panellets», que son dulces con ingredientes típicos de esta estación como la batata o los piñones.

Más: organizar una fiesta. Halloween ha llegado a España para quedarse y los niños disfrutan un montón disfrazándose y decorando la casa para una fiesta con familiares o amigos. 

Y, un último ejemplo sin complicaciones. Salir a pasear por la plaza y comer unas castañas asadas. En este paseo, lo primero que haremos será decidir qué ropa ponernos antes de salir de casa, utilizando el plafón de la entrada. Después, recogeremos algunos elementos para nuestro cesto y, finalmente, comeremos unas castañas. Este es un gran ejemplo de cómo podemos incluir todos los escenarios en una sola actividad.

Para terminar

A lo mejor piensas que llego un poco tarde al otoño y no te voy a quitar razón, pero piensa que esto mismo que te he explicado hoy te sirve con cualquier estación. Aun así, si estás escuchando esto en primavera o en verano y te gustaría que preparara algún material, ponte en contacto conmigo a través del formulario de contacto o de mis redes sociales y yo me pongo manos a la obra, claro que sí. 

Resumo rápidamente lo más importante para estimular el vocabulario del otoño en casa. Tres escenarios: el cambio de estación, los elementos de la naturaleza y actividades relacionadas con todo esto. 

  • Introducir el otoño con las sensaciones de frío y con las decisiones sobre si abrigarnos más o tomar un paraguas, por ejemplo. 
  • Poner el foco en los cambios que se dan en la naturaleza y recogeremos elementos como hojas o bellotas. 
  • Incluir en la compra alimentos de temporada. 
  • Finalmente, pensar actividades que permitan practicar este vocabulario.

¿Qué puede pasar si el peque no tiene los niveles lingüísticos esperados y no hacemos nada? ¿Si no abordamos un retraso en el lenguaje? ¿Cuál es el porcentaje de niños que desarrollarán un trastorno en el lenguaje? ¿En qué áreas de su desarrollo puede afectar una baja competencia lingüística? En este capítulo del podcast trato el manido: «ya hablará» desde un prisma objetivo (evidencia científica) y subjetivo (experiencia) para aclarar todas estas dudas y que no te quedes con ningún «run-run» en la cabeza. 

Episodio 8. Resultados de no abordar un retraso en el lenguaje

¿Qué puede pasar si no actuamos ante una sospecha de retraso en el lenguaje?

Este episodio del podcast va a ir encaminado a resolver la duda de una mamá de la comunidad. La reformulo para situarnos: «¿Qué puede ocurrir si tengo un peque con un retraso en el lenguaje y no abordamos está situación?». Es decir, si no ponemos el foco en estimular su lenguaje o si no acudimos al centro de atención temprana o a una logopeda para potenciar este desarrollo lingüístico, que no es el esperado para su edad.

Si no tienes claros los signos de alarma de desarrollo del lenguaje de un peque de entre cero y tres años, te recomiendo que escuches el primer episodio del podcast en el que hablo sobre el tema.

Entiendo que, cuando alguien me traslada esta duda, es porque tiene claro que hay un retraso en el lenguaje de su hijo o de un peque cercano.

Quiero transmitirte la importancia de intervenir, tanto desde casa, como desde el centro de atención temprana, sin que parezca que estoy haciendo una campaña de marketing pro-logopedia.

Por eso voy a ser completamente sincera contigo, porque creo que solo hay una respuesta a la pregunta: «¿qué puede ocurrir si no hago nada?». Y, la respuesta es: «nada».

Anda, que ahora pensarás «ha descubierto la sopa de ajo, esta». Pero quiero que haya una cosa que quede clara: cuando esperamos un cambio y no actuamos para conseguirlo, rara vez ese cambio surge de forma espontánea.

Puede que tu peque continúe teniendo ese retraso en sus habilidades lingüísticas, porque necesite ayuda y nadie se la está ofreciendo. En este caso, el resultado final, será el que veo tantas veces en la consulta de logopedia: niños de seis, siete u ocho años con un bajo rendimiento académico, diagnóstico de dislexia, a veces erróneo, ya que, a menudo, el trastorno en el lenguaje escrito viene dado por un trastorno en el lenguaje oral; y, sobretodo, dificultades para relacionarse. Siendo estos aspectos solo la punta del iceberg, porque detrás de todos estos años en los que él ha puesto tanto esfuerzo para conseguir comunicarse, ser entendido o adquirir aprendizajes en el colegio, habrá ido colocando en su mochila un montón de inseguridades, de etiquetas como: «vago» o «tonto», a veces a causa de los demás y otras a causa de sí mismo y su baja autoestima, que es tan frágil en la infancia.

Esto que te cuento, no es una película de Almodóvar, es la realidad de un montón de peques cuyo entorno a ignorado o minusvalorado las dificultades y los retos a los que un niño se enfrenta a diario, a los que se les suman un retraso en el lenguaje.

Sin embargo, que no ocurra «nada» tiene otra lectura. Porque puede que tu peque, aunque ahora mismo no esté mostrando los niveles de lenguaje esperados, con el tiempo y sin hacer nada, su cerebro que, a lo mejor, tiene un desarrollo más lento, termine adquiriendo las destrezas típicas de su edad. Sin más.

¿Cuándo has de actuar?

Para resolver esta pregunta, voy a introducir un término que he descubierto hace poco, pero que creo que hace algunos años que se conoce que es el de «hablante tardío». Hay un artículo de la Revista de Investigación de Logopedia, publicado en 2020, que te dejo en las notas del episodio, que define al «hablante tardío» para referirse a aquellos peques de entre dos y tres años cuyo desarrollo comunicativo o lingüístico presentan una trayectoria lenta.

 Probablemente esta mamá que compartió la pregunta conoce o tiene un peque que podría considerarse un «hablante tardío».

Este estudio, toma datos de otros con población de habla inglesa y explica que entre un 10 y un 15% de la población infantil preescolar presenta un retraso inicial en el desarrollo comunicativo y lingüístico, sin referir que esté asociado a ningún trastorno, y en 30% de los casos estas dificultades se mantienen cuando son evaluados entre los 3 y 4 años de edad, y acaban siendo diagnosticados de Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) o mayormente conocido como Trastorno Específico del Lenguaje (TEL). Un 30%…

En cambio, Llorenç Andreu, psicólogo y profesor, director del máster en Dificultades de Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje de la UOC afirma que el 25% de los menores que tardan en empezar a hablar, terminan presentando un trastorno del lenguaje.

Nos vamos situando, porque no son porcentajes tan alejados.

El estudio de Moreno y Nieva (2020)

Voy a explicarte un poco cómo funcionó el estudio que te he dejado en las notas del programa y que se llevó a cabo con familias españolas. Los participantes eran peques de entre 24 y 29 meses de edad, con un desarrollo lingüístico que encaja con este concepto de «hablante tardío». Este grupo se dividió en dos: uno que recibió pautas e intervención por parte de una logopeda. Dentro de una intervención que denominamos de corte naturalista, porque consiste en dotar a las familias de los recursos y habilidades para que sean ellas mismas las que estimulan el lenguaje en el día a día.

Abro paréntesis pare decirte que es mi forma favorita de trabajar y la que encontrarás en mi e-book gratuito.

Vuelvo al artículo. Te describía que hay un subgrupo sobre el que se interviene y hay otro grupo, que se denomina «control», porque no recibe ninguna intervención, es decir, no se hace «nada».

Después de cuatro meses, los resultados indican que el primer grupo aumentó su vocabulario de forma significativa respecto al otro, es decir, los peques emitían mayor número de palabras y, además, empezaron a combinarlas, mejorando su expresión con pequeñas frases. Pero, lo que más me llama la atención (y que es lo que no conseguirá nunca una de las malditas aplicaciones de lenguaje) es que los peques comenzaron a tomar un rol más activo en las conversaciones y el adulto dejó de dominar por completo la conversación, cosa que es muy habitual cuando los niños tienen poco lenguaje. Cuesta tanto sacarles las palabras, que acabas haciendo un monólogo que te estresa hasta a ti.

Los resultados positivos del grupo que tuvo apoyo por parte de la logopeda es el resultado de que las familias comprendáis que tenéis el poder de transformar las habilidades lingüísticas de vuestro peque, cuando sois vosotros los que empezáis esta transformación.

Finalmente, ¿qué ocurrió con el otro grupo? Al cabo de un año de finalizar la intervención se contactó con las familias de nuevo. En ambos grupos había habido peques que habían necesitado logopedia, sin embargo, lo que es curioso es que el 100% de los niños del grupo control necesitó esa intervención directa.

Mi experiencia con los retrasos en el lenguaje

Y, ahora, no puedo hacer otra cosa que pensar en mi propia experiencia. Llevo ejerciendo como logopeda desde 2017, en todos estos años, no he visto ningún peque ponerse al nivel de los demás en solo cuatro meses. Eso puede ser porque los retrasos en el lenguaje que llegan a la consulta, obviamente, no se han resuelto por si solos. Seguramente el mundo está lleno de «hablantes tardíos» que no fueron a la logopeda y, en su momento, se pusieron al nivel de los demás. Pero, ¿qué pasa si eso no ocurre? ¿Qué pasa si tu peque está en ese 25-30% que va a desarrollar un trastorno en el lenguaje? Pues que estaréis perdiendo un tiempo precioso, la oportunidad de que la plasticidad cerebral, de la que te prometo que hablaremos algún día, actúe en beneficio de tu peque.

Mira, te cuento algo. A principio de curso di un alta muy bonita. Un peque con un retraso importante de su desarrollo lingüístico, a causa de una operación por epilepsia. Este niño llevaba haciendo terapia prácticamente toda su vida, no solamente en el centro donde trabajo. Después de todo este proceso, estaba aprendiendo a leer con cinco años, en un colegio de esos que tienen mucha prisa porque sus peques sepan leer. Él lo estaba haciendo y, en realidad, ni si quiera le tocaba por edad. Su lenguaje era y es totalmente funcional, mi trabajo, después de todo el esfuerzo de la familia y de ese peque, había terminado. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera tenido este acompañamiento? ¿Cómo podría haber afectado eso a su desarrollo? Haz un ejercicio de imaginación y traslada las dificultades que ves a tu peque a tu peque del futuro, dentro de tres años, por ejemplo. ¿Cómo es su lenguaje? ¿Le ayuda a relacionarse o se lo impide? ¿Le ayuda a crear pensamiento o cada vez está más desregulado? ¿Cuánto tiene que esforzarse en el colegio, ahora que ya tiene contenidos y empieza el lenguaje escrito?

Las logopedas no tenemos ningún interés en iniciar o alargar un tratamiento si no es necesario. Pero ver como las dificultades ignoradas acaban llegando de un modo u otro a la consulta, antes o después, nos hace pensar que mejor que sea antes, porque esto es como una madeja de lana de esas que usan las crocheteras y que cuando la guardas, acaba toda enredada. Si yo no separo los hilos desde el principio, cada vez me será más complejo desenredarla, se harán nudos y al final podré acabar deshaciendo la madeja, pero con mucho más tiempo y más esfuerzo y, a lo mejor, el hilo ya no será el mismo, estará más deshilachado, con menos forma y eso se notará en el jersey que querré tejer después. No sé si esta metáfora se entiende.

En conclusión

Voy a darte un poco de tregua para resumir qué te he contado hoy. Ante la duda de «¿qué puede pasar si no hacemos nada y (el peque) no tiene los niveles (lingüísticos) esperados?», citaré a Mili Matarazzo, que es una logopeda especialista en disfagia neonatal. Ella dice: «si no cambias nada, no cambia nada». Y te recordaré que entre un 25 y un 30% de los que ahora llamamos «hablantes tardíos», desarrollará un trastorno en el lenguaje. Y que la intervención basada en tu acción potencia que el peque aumente su vocabulario y comience a crear frases, y facilita sus habilidades de conversación. Todo esto influye de forma positiva en el desarrollo de sus habilidades sociales y en su rendimiento académico. Ah, y en algo muy importante: su autoestima.

¿Quieres trabajar con tu peque la aparición de palabras de uso frecuente? En este capítulo del podcast te indico tres juguetes y tres estrategias ideales para fomentar la aparición de léxico. 

NOTAS DEL PROGRAMA

Episodio 7. Tres juguetes y tres estrategias para aprender vocabulario nuevo

Amplia el vocabulario de tu peque desde casa

Se puede estimular el lenguaje sin ningún tipo de juguete y a diario, solo estando presente en cada interacción con tu peque. De eso precisamente hablo en el e-book gratuito que tienes disponible en mi web, si te suscribes a la newsletter de Lenguaje desde CERO. Se trata de un programa de cuatro semanas en el que te facilito pautas y estrategias para incluir la estimulación del lenguaje en vuestro día a día. Tendrás ejercicios prácticos y al final del mes, podrás valorar los avances.

Pero, ¿qué pasa cuando tu hijo tiene un retraso en el lenguaje? En algunos casos, solo estimular, no es suficiente y lo aconsejable es que dediques entre cinco y diez minutos al día (en función de la edad del peque y de la rutina de cada familia) a trabajar de forma específica algunas habilidades. Lo ideal es que, si tu peque va a la logopeda, sea la profesional la que te indique qué objetivos puedes reforzar a diario y enriquecer, de esta forma, el proceso terapéutico.

Juguetes para ampliar el vocabulario

Hoy me voy a centrar en la aparición de vocabulario nuevo. Hay muchas formas de fomentar que tu peque aprenda palabras nuevas. Te traigo tres juguetes que nos permiten trabajar vocabulario motivador y de alta frecuencia, como: las partes del cuerpo, los animales y objetos de uso cotidiano.

Estos tres juguetes son los siguientes:

  • Potato.
  • Animales de granja y/o de selva en miniatura (normalmente de plástico o de madera).
  • Encajes de madera, que pueden ser de distintos campos semánticos. En el despacho yo tengo uno de alimentos y otro de objetos de uso cotidiano. Puedes encontrar de frutas o de piezas de ropa para complementar buena parte del vocabulario de mayor uso para los peques.

Son juguetes muy diferentes, sin embargo, las formas de trabajarlos serán parecidas. Voy a darte tres recursos que ejemplificaré con estos juguetes.

Denominar para aprender palabras

El primero es denominar. Las logopedas y profesionales del lenguaje llamamos denominar a decir en voz alta el nombre de un objeto, animal, etc. que tenemos delante. Por ejemplo, si estoy mirando un cuento con mi peque y aparece la imagen de un oso y él la señala, yo digo: oso. Estoy denominando.

Los juguetes que te propongo son ideales para esto. Por ejemplo, en el caso de los encajes, cada vez que nuestro peque pone uno en su lugar, podemos decir el nombre del mismo en voz alta. Si tenemos unos encajes de frutas, podemos decir: «manzana», «pera», etc.

Si estamos jugando con Mr. Potato, podemos señalar los ojos, aunque todavía estén sin colocar y decir: «mira, los ojos». Después, se los ponemos: «le estoy poniendo los ojos». Haremos lo mismo con los animales.

Equivócate y amplía su vocabulario

Ahora que tu peque ya conoce las palabras, juega a equivocarte. Toma la vaca y di: «yo llevaré el caballo» y busca la mirada del peque. Espera, a ver si se ha dado cuenta de tu error. Algunos niños son tan cuidadosos que no quieren llevar la contraria al adulto, aunque se hayan dado cuenta de que está equivocado. Otros, puede que estén distraídos y no se hayan enterado o simplemente todavía no han asimilado el vocabulario nuevo. Entonces, di: «pero, ¡menudo despiste llevo! Si es una vaca».

Una vez entienden que pueden corregirte, les encanta jugar a equivocarse. Podéis hacerlo con los encajes. Pon la figura fuera de su sitio. «Vaya, aquí no encaja».  Si él lo hace también, dile, de forma graciosa: «No, no no. Aquí no encaja». I reíros juntos.

Así también aprenderá que no pasa nada si se equivoca mientras está aprendiendo.

Con Mr. Potato, puedes colocarle la nariz en un ojo y esperar a ver si te corrige. Si no lo hace, dile: «¡menudo despiste he tenido! Le he puesto la nariz donde van los ojos. ¡Mira cómo he dejado al pobre Potato!». A lo mejor es una oportunidad para ponerle al Potato la cara como un cuadro o experimentar con distintas expresiones emocionales, si el juguete dispone de ellas.

Evocar para consolidar el vocabulario aprendido

Cuando tu peque ya conoce todas las palabras, podéis incluir un juego para evocarlo y, así, consolidar el vocabulario aprendido.

Evocar también es una palabra que usamos mucho las logopedas. Quiere decir que tu peque ha de recordar la palabra, sin el juguete delante. Por ejemplo, podéis coger una pelota y pasarla de uno a otro diciendo un listado de animales, por turnos. Otra opción es rodar un coche mientras cada uno dice una parte del cuerpo o un objeto de uso cotidiano, trabajado previamente en los encajes.

Esta es una actividad compleja. No cuenta con ningún soporte visual, con lo que tu peque, debe acceder a la palabra y, además, decirla en voz alta. No lo intentes, si sus habilidades expresivas no lo permiten. Ten empatía con él. Evita exponerlo a una frustración segura y que no os aportará ningún beneficio.

En resumen

Si te fijas, he secuenciado las estrategias de más sencilla a más compleja. Para que las utilices en ese orden. Las resumo, para refrescar la información de hoy:

Te he propuesto tres juegos para potenciar la adquisición de vocabulario de alta frecuencia: Mr Potato, animales en miniatura y juegos de encajes con palabras de uso cotidiano.

También tres formas de trabajarlas de forma específica, de menor a mayor complejidad. Puedes dedicar un máximo de diez minutos al día, en función de la edad de tu peque y de vuestras rutinas.

  • Primero, denomina o nombra las palabras que estéis trabajando.
  • Segundo, juega a equivocarte y permite la equivocación de tu peque.
  • Por último, busca una dinámica divertida para decir en voz alta un listado de las palabras que habéis trabajado por grupos de palabras: animales, ropa, partes del cuerpo, etc.

¿Las pantallas afectan al desarrollo del lenguaje de los más pequeños? ¿Está contraindicado el uso de pantallas antes de los dos años? ¿Qué efectos son los más comunes en el uso excesivo? ¿Pueden aprender palabras a través de las aplicaciones de lenguaje? En este capítulo del podcast resuelvo todas estas preguntas y te hago reflexionar sobre el uso de pantallas y el desarrollo lingüístico en peques.

NOTAS DEL EPISODIO

Episodio 6. ¿Cómo afecta el uso de pantallas al desarrollo lingüístico de los niños?

Evidencia científica sobre el uso de pantallas y el retraso en el lenguaje

El año pasado me fui de vacaciones a Mallorca a ver a una de mis mejores amigas que vive allí, y a pasar con mi pareja unos días en un hotel con piscina, claro. Una mañana, en el bufet vi una escena que me dejó muy impactada. En la mesa de al lado una familia estaba desayunando. Papá y mamá lo hacían mientras miraban sus respectivos móviles. Su peque de unos tres años hacía lo mismo, viendo unos dibujos en un pequeño dispositivo. Y un bebé, tumbado en un capazo, emitía algunas vocalizaciones y sonidos, mientras movía las piernecitas, sin respuesta, ni estímulo más allá, que el de un techo blanco y el ruido de fondo de la camarera recogiendo la vajilla.

Me dieron ganas de situarme delante del bebé y empezar a jugar al «ta o no ta». Pero habría parecido raro. Lo que a nadie le pareció raro es que cuatro personas en una misma mesa no se dirigieran la palabra durante todo el rato que duró el desayuno. Y a mí, eso es lo que más me choca de nuestra nueva vida con las pantallas.

¿Qué entendemos por pantalla? Según un interesantísimo artículo de la Revista de Psicología, que te dejo en los comentarios del podcast, una pantalla consiste en: «una superficie electrónica sobre la cual se proyectan imágenes», dentro de esta definición caben: los televisores, computadoras, tabletas, teléfonos móviles y las consolas de videojuegos. 

Te aviso que voy a empezar fuerte, así que coge aire y vamos a por ello.

Uso de pantallas en niños y retrasos del lenguaje

Según un estudio presentado en la Reunión de Sociedades Académicas Pediátricas en 2017, cuanto más tiempo pasen los menores de hasta dos años frente a la pantalla, más aumenta la probabilidad de que tengan retrasos en el desarrollo del habla.

Vamos a razonar primero y a contrastar con los datos disponibles después.

¿Qué motivos pueden llevarnos a pensar que el uso de pantallas, en niños pequeños, pueden causar este desfase en el desarrollo lingüístico?

Se me ocurren varias cosas:

No potencia la interacción

En primer lugar, cuando el peque utiliza un dispositivo electrónico, no interactúa con nadie más. El escenario se reduce a él y a su pantalla. Pero es que, si ya eres parte de Lenguaje desde CERO desde algún tiempo, sabrás que el lenguaje solo se estimula a partir de la interacción con los demás, especialmente, con los adultos. Esta interacción es la que favorece el desarrollo lingüístico, no solo en lo referente a aumentar su vocabulario y mejorar la expresión de sus frases, sino que le enseña el uso social del lenguaje, algo que será de suma importancia para su desarrollo personal y para la mejora de sus habilidades sociales.

Menos un punto para el desarrollo lingüístico.

Limita la práctica del lenguaje

Además, si está jugando con la Tablet, no está hablando. Es decir, queremos que desarrolle una habilidad que no está poniendo en práctica. Yo no sé cómo se puede hacer eso.

Es decir, hasta ahora tenemos a un peque callado e interactuando con algo que no es una persona, por lo tanto, no tiene que poner en práctica respuestas sociales, ni tendrá disponible su mayor fuente de estimulación lingüística, que ya hemos quedado que eres tú.

Ya vamos para menos dos puntos, mínimo.

Uso de aplicaciones para estimular el lenguaje

Ahora es cuando viene el argumento de las aplicaciones para aprender palabras… Podríamos pensar que con la Tablet puede estar aprendiendo palabras nuevas o habilidades cognitivas. Y antes de que empiece a darme vueltas la cabeza como a la niña del exorcista, voy sacar los datos.

Según la evidencia científica que hay sobre el tema, antes de los dos años de edad, el cerebro de los niños no ha alcanzado la madurez necesaria para trasladar lo que pueda aprender en una pantalla a su vida real.

Así que las famosas aplicaciones para que tu hijo desarrolle lenguaje se ven completamente revocadas por los estudios que demuestran que hay dificultades para transferir estos conocimientos, porque los bebes no entienden la relación entre las imágenes 2D y los objetos reales. Esto es porque sus habilidades de control atencional y de pensamiento simbólico no han madurado lo suficiente. Y no aprenderán de la misma forma que lo hacen con las relaciones personales. O sea, contigo. ¿Lo mismo ocurre con los cuentos? Claro, por eso es tan importante la figura del adulto acompañando la lectura de cuentos en edades tempranas.

Bajo desarrollo lingüístico por un uso excesivo de las pantallas

En un estudio francés, que te voy a dejar en las notas del programa, se puso de relieve que más de un 80% de los niños está expuesto a las pantallas antes de los dos años. El 40% del tiempo, lo hacen a solas.  

Los resultados del mismo estudio revelaron que el excesivo uso de las pantallas comporta los siguientes problemas en el desarrollo lingüístico:

  • Falta de vocabulario
  • Baja comprensión del lenguaje oral
  • Dificultad a la hora de exponer o relatar cualquier cuestión

La Sociedad Española de Pediatria Extrahospitalaria y de Atención Primaria  defiende que «los niños menores de dos años no deben ver televisión». La propia OMS desaconseja por completo el uso de cualquier dispositivo antes de esa edad.

Existen, además, otros efectos, en los que no me voy a extender demasiado, pero que me han parecido importantes, como: trastornos del sueño, derivados de la luminiscencia de las pantallas; tendencia al sedentarismo y, por ende, al sobrepeso infantil; y, la aparición de trastornos psiquiátricos como la depresión o la ansiedad.

A estas alturas espero que estés rociando la Tablet con agua bendita.

Resumiendo

Deja que las recoja en un resumen todo lo que leído sobre el uso de pantallas en peques y la relación el desarrollo del lenguaje.

Según la OMS y distintas Sociedades de Pediatría, el uso de pantallas antes de los dos años está totalmente desaconsejado, ya que puede comportar un retraso en el desarrollo lingüístico de los peques, entre otros efectos, como trastornos del sueño, problemas psicológicos y físicos, como el sobrepeso.

Un uso excesivo de pantallas en etapas tempranas del neurodesarrollo puede comportar dificultades en la expresión y en la comprensión del lenguaje oral. El cerebro de los niños menores de dos años no está preparado para aprender a través de dispositivos electrónicos. Así que, si quieres estimular el lenguaje de tu peque, te toca estar presente: jugar con él, leer cuentos con él y sobretodo, hablar con él, algo que no podrás hacer si está pendiente de un móvil o un televisor.

¿Tu peque tiene muchas rabietas? ¿No sabes cómo ayudarlo en su desfase lingüístico? En este episodio te cuento cómo evité una rabieta en la sesión de logopedia y te cuento las claves para que puedas aplicarlas en casa. 

NOTAS DEL PROGRAMA

Episodio 5. ¿Cómo evité que un niño hiciera una rabieta en la sesión de logopedia?

Paso a paso

Las rabietas forman parte del desarrollo normal de cualquier niño. Después de varios años atendiendo a peques con un retraso en su desarrollo comunicativo y lingüístico, me he dado cuenta de que estos niños se diferencian del resto en algunos aspectos que parecen compartir entre ellos.

He observado:

  • Un número elevado de rabietas aparentemente injustificadas.
  • Mayor explosión emocional, o sea, menor regulación de sus emociones.
  • Una alta frecuencia de estas rabietas en niños mayores de tres años.

Todo esto me hace preguntarme porqué los peques con dificultades para comunicarse tienen más rabietas, más fuertes y que no disminuyen con la edad, como suele ocurrir de forma habitual.

Para poder reflexionar sobre esto, he recurrido a un e-book gratuito que ofrece Una Madre Molona y Marido en su página web. Por si no los conoces, te voy a dejar el enlace en las notas del programa para que puedas suscribirte a su newsletter y obtenerlo de forma gratuita. Si te interesa la gestión respetuosa de las rabietas y la educación en positivo, no puedo hacer otra cosa que recomendarte que te pases también por su Instagram, donde @unamadremolona siempre ofrece contenido relacionado con estos temas. Esto no es una colaboración.

La definición de rabieta que ellos ofrecen en su e-book es: «la rabieta es la manera de expresar una necesidad que no está siendo atendida y que (los niños) no son capaces de gestionar o de comunicar de forma efectiva».

Y ahí le ha dado la molona, usando la palabra «comunicar».

¿Qué ocurre cuando existe un retraso en el desarrollo del lenguaje? Que a tu peque le cuesta horrores comunicarse contigo. Y no tener capacidad para expresarse es realmente frustrante.

Además, hay otro tema. Como digo en el programa gratuito para estimular el lenguaje desde casa (que puedes descargarte en mi página web): la comunicación va en dos direcciones. Y es posible que no todas las rabietas se estén dando porque tu peque no se pueda expresar, es posible que, en algunos momentos, no te esté entendiendo.

Eso me pasó una vez que un peque llegó a la sesión con la idea de jugar con unos coches y el parking con los que había jugado el primer día que nos habíamos conocido.

Le dije que me parecía bien, pero que ese juego lo íbamos a dejar para el final, con la intención de realizar primero algunas actividades más específicas de adquisición de vocabulario.

Cuando vi la cara que puso, supe que aquello iba a acabar muy mal.

No siempre puedo evitar una rabieta, pero la negociación suele ser efectiva. Ofrezco a los niños primero una cosa que conocen, aunque no les apetece tanto, y después hacemos la que más les gusta.

¿Por qué no funcionaba, si otras veces habíamos jugado a los juegos que yo le estaba proponiendo? ¿Cuál era el problema? El problema era que no me estaba entendiendo.

Soporte visual con imágenes

Así que cogí unas cuantas fotos de los juguetes que tengo en la consulta, entre ellas las de los coches, y le dije que primero haríamos una actividad. Puse las imágenes sobre la mesa y coloqué la foto de la actividad que yo tenía pensada justo a la izquierda de la de los coches.

Por lo pronto, su expresión emocional, a puntito de estallar, se frenó en seco. Estaba entendiendo el trato. Usé frases cortas y fáciles y señalé las imágenes con el dedo, conforme me refería a ellas: «Primero jugaremos con las tarjetas de animales y, después, podrás jugar con los coches».  En ningún momento usé el «no» o algo así como: «no podemos jugar a los coches ahora». Porque en esa frase, un peque enfadado solo escuchará: «no podemos jugar a los coches» omitiendo la parte más importante: «ahora». Pero, además, un peque con un retraso en su desarrollo lingüístico, probablemente se quedará solo en el «no». Y ese, amiga mía, es un jardín en el que preferirás no adentrarte.

Atender su emoción

Algo que también hice fue: atender su emoción: «entiendo que te enfades, no me estás entendiendo. Jugaremos con los coches, pero primero…».

A pesar de toda esta retahíla de estrategias, me di cuenta de que mi peque no estaba del todo convencido.

Así que apliqué otra táctica: le di a elegir la primera actividad.

Escogí otra imagen que representaba una actividad que le gustaba, y que cumplía con mis objetivos de intervención, y le di a escoger. ¿Qué prefieres: las tarjetas de animales o un cuento? Y voilà. Se hizo la magia.

No solo lo entendió, sino que se sentó en la mesa para escuchar el cuento. Lo que hice, a partir de ese día, fue crear una rutina, para que se sintiera más seguro la próxima vez.

Lo hago con él y con casi todos mis peques, realizo no una, sino dos actividades de mi elección primero y les permito jugar con algo de su elección al final. Además, pueden cambiar una de las actividades, si no le apetece hacerla, por la razón que sea, siempre y cuando esté entre mis opciones de intervención.

Añade aquí tu texto de cabecera

Para terminar con el episodio de hoy, voy a recoger en tres puntos qué estrategias puse en marcha para disolver una rabieta en potencia en la consulta.

  1. Evité decir que «no».
  2. Utilicé un soporte visual para hacer un trato. Le dije al peque que jugaríamos con los coches presentando una foto de los mismos y una foto de la actividad que quería realizar primero y la coloqué delante.
  3. Cuando estuvo tranquilo, le di a elegir esa primera actividad entre dos opciones que me interesaban.

Recuerda que estas son estrategias para evitar las rabietas en niños. Una vez se producen, es difícil que puedas razonar con un peque y te toca acompañarla de otra forma. Pero eso mejor se lo dejo a la Molona y Marido.

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